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Galicia / contaminación

Cien ríos de salubridad dudosa

Un informe interno de la demarcación Galicia-Costa revela que más de un centenar de sus masas de agua evidencian un mal estado, algunas con presencia incluso de metales pesados

Día 17/10/2011

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La Xunta aprobaba inicialmente esta pasada semana el Plan Hidrológico de la Demarcación Galicia-Costa, un vasto documento en el que también se recoge un informe interno sobre la situación actual de los ríos al que convendría prestar atención: casi un tercio de las masas de agua de esta cuenca se encuentran en una mala situación ecológica o química, algunas incluso con rastros de contaminación por metales pesados como plomo o mercurio. Detrás de la denuncia está la Asociación Ecologista «Arco Iris», que si bien admite que no son datos «alarmantes», sí reclama de la administración autonómica «un plan de inversiones que revierta este déficit ambiental».

«No son situaciones irreversibles», explica Francisco Lueiro, presidente del grupo ecologista, «pero sí requiere un plan de descontaminación» que a su juicio podría ser financiado «con los ingresos que la Xunta está obteniendo del canon del agua». «Con voluntad política y esfuerzo inversor se puede lograr», principalmente en «prácticamente todas las desembocaduras de las rías, que están mal, especialmente la del Ulla». Tres de los seis tramos estudiados de su cauce reciben una mala catalogación. Así también queda de manifiesto en el informe técnico, recogido en un apéndice del Plan. De los 387 puntos de muestreo analizados a nivel ecológico y químico —algunos de varios tramos de un mismo río—, 110 se encuentran en un «mal estado».

Algunos casos son conocidos, como por ejemplo el del Sar, uno de los ríos que cruza la capital gallega. Suspende los dos criterios examinados. Los estudios detectan macroinvertebrados, amonio, fosfatos, fósforo, octifenol y nonifenol en sus aguas, un preocupante estado que Lueiro explica por los vertidos industriales que sufre procedentes «de fábricas de productos de limpieza». «Bastaría con limitar esos vertidos, que la Consellería de Industria multe a quien los realice y podría recuperarse la salubridad del río», resume. De los alrededores de Compostela, igualmente salen mal parados el Tambre, el Dubra o el Lengüelle, este último con restos del ya citado octifenol.

También llamativo resulta las malas condiciones de los ríos que abastecen a la ciudad de La Coruña. En la presa del Rosadoiro, el estudio detecta la presencia de macroinvertebrados —larva e insectos que sirven de indicadores de la mala situación ambiental—; en las aguas del Mero, que abastecen al encoro de Cecebre, las muestras tomadas señalan trazas de mercurio.

El presidente de «Arco Iris» precisa que esto no significa que el agua de consumo en La Coruña tenga metales pesados. «La empresa que gestiona Cecebre ha hecho controles en sus aguas de salida y el rastro de mercurio es cinco veces menor a los mínimos legales», aclara, aunque no por ello deja de tratarse de un problema ambiental. «El mercurio es un contaminante relativo», detalla Lueiro, «porque su presencia no tiene por qué deberse a vertidos industriales, sino que también se capta del aire».

Otras presas con mala nota son los de San Cosmade, en la localidad coruñesa de Ordes, el de As Forcadas, en Valdoviño, o el de Caldas, que embalsa agua del Umia en la que se han encontrado restos de amonio. Tampoco se salva el río Con, que abastece a Vilagarcía de Arousa y su comarca.

Plomo en el agua

El estudio realizado por Aguas de Galicia pone de manifiesto que, en unos veinte puntos de muestreo, hay restos de plomo, un metal que representa un riesgo para la salud humana, y que según Lueiro, se debe esencialmente a vertidos urbanos sin tratar. En Lugo, sufren este problema puntos de los ríos Grande, Rego de Campeda, Baus y Xunco; en Pontevedra, Maior, Deza, Lérez; y en La Coruña, los Sisalde, Vaa, Dubra, Castro, Tambre, Lengüelle, Manlle, Sieira, San Xusto y Sar.

La comarca del área metropolitana de La Coruña destaca por acumular puntos negros. Dos de los tres tramos del Mandeo suspenden, así como su afluende el Deo, el Baxoi, el Da Ponte, el Mero, el Barces, el Valiñas, el Rego de Sisalde o el Rosende. El grueso de estos ríos desembocan en la ría de O Burgo, una de las más contaminadas de la Comunidad. También sacan mala nota los muestreos en puntos de la Costa da Morte como el Vaa en Bergantiños, el Anllóns en Corme, el Rego de Campeda en Vimianzo o el río do Castro en Muxía.

En Lugo, los análisis han detectado un pesticida, el tributilestaño, en una de las cinco masas del río Ouro estudiadas. Tampoco se salva el Eume, cuyo cauce además está castigado por las actuaciones hidroeléctricas que han llegado a secar su caudal. Dos de sus cinco puntos suspenden, con trazas además de fósforo, cromo y macroinvertebrados. Por último, también aparece zinc en uno de las cuatro áreas del Verdugo.

Posibles peligros

Aunque muchos de estos ríos no pongan directamente en riesgo la salud humana —principalmente porque los suministros a los núcleos urbanos se realiza desde depuradoras que garantizan la calidad del agua—, sí pueden hacerlo de forma indirecta, ya que pueden emplearse para el riego, la pesca u otros usos domésticos fuera de los sistemas de control. Desde «Arco Iris», reclaman de la Xunta «todas las medidas pertinentes para localizar estos y otros puntos de vertido» para, precisamente, evitar usos nocivos hasta que se garantice una óptima situación de las aguas.

En resumen, valora Lueiro, «es una situación grave pero no mala» que requiere de «esta llamada de atención que damos dándole publicidad a este informe técnico». «Los sistemas de depuración están sobrepasados desde 2002», recuerda, «y los de las ciudades, desde 2005», por lo que recalca la necesidad de «un plan de descontaminación» que revierta la situación.

El Plan Hidrológico al que el Consello de la Xunta dio luz verde el jueves será remitido ahora a la administración central para su aprobación definitiva. Primero, pasará por el Consejo Nacional del Agua, un órgano consultivo que estudiará la documentación y el programa de actuaciones para garantizar el cumplimiento de la Directiva Europa del Agua en un plazo de cinco años. Por último, el Consejo de Ministros le dará el espaldarazo final mediante su tramitación como Real Decreto Ley. La «tierra de los mil ríos» de Cunqueiro aguardará entretanto.

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