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Ayer fue un gran día para el cine asiático. Entró en la oficial del Festival como elefante en cacharrería. Se pasó del ya conocido Na Hong-Jin, que trae una espectacular producción, «The Yellow Sea», que ha nacido con miras a un gran estreno mundial; al clasicismo más ortodoxo de «Hara Kiri: Death of a Samurai (3D)», recién terminada en manos tan nobles como las de Takashi Miike” («13 asesinos»). Hong-Jin, ya conocido en esta preciosa ciudad de donde se llevó de paso el premio Casa Asia en 2008 por «The Chaser», vuelve con las pilas a punto de estallar. «The Yellow Sea», con dos horas y media de duración, cumple con las aspiraciones que tenía el coreano, quien ha contado con ayuda norteamericana, lo que le permite decir sonriendo que es la mejor manera de entrar en las taquillas occidentales, «al menos en dieciocho países, de momento».
«Suelo investigar muchas cosas antes de empezar a esbozar los personajes. Hasta que no me los creo desde cualquier ángulo de acción, no les dejo actuar libremente», cuenta a este periódico sobre técnica a la hora de emprender un guión. Al natural es un hombre pausado hasta el punto de dar la impresión de encontrarse en un momento zen o, como mínimo, con un jet lag de no te menees. Está claro que dentro de él habita un dragón, porque para conseguir la factura que tienen las espectaculares escenas de persecuciones que vimos y no terminar tronao hacen falta muchas agallas. «Todo lo que usted dice parte de que en Corea existe una gran confianza hacia los grandes directores, por lo que los demás tenemos que agradecérselo, ya que tenemos mucho apoyo y facilidades de la policía para rodar en la calle. Dentro su departamento hay una oficina de relaciones públicas. Después de mi rodaje me temo que cambien algunas normas», manifiesta sonriendo. <MC>En fin, si en «The Chaser» nos ponía ante a un chulo protagónico, aquí —según se mire al principio de la película, al final o una vez fuera de la sala—, hay dudas de si el mozo al que le hacen pasarlas canutas es un héroe o un anti héroe.
De Corea a China
Los extrarradios de las grandes urbes dan mucho juego en este tipo de cine. ¿Sirve para dar a conocer las calamidades que pasa un chino coreano que vive entre las dos Coreas y Rusia, donde existen tanta actividad ilegal? «Hay muchos métodos audiovisuales para enterarse lo que sucede. Mi historia, como decía, parte de mi propia experiencia, de lo que yo he visto y vivido un tiempo. Nadie habla de esto y solo sale en los periódicos si sucede algo muy impactante. Es mi punto de vista, lo que no quiere decir que Corea sea así, aunque insisto en que los que llegan a Corea para conseguir ganar dinero luego vuelven a China para poder llevar una vida mejor, aunque sean médicos o profesores de universidad».
A «Hara Kiri: Death of a Samurai (3D)» no le sobra ni le falta nada. Elegante y de época. Como se suele decir, la acción es contenida y las explosiones de de violencia controladas. El 3D puede tomarse como un añadido que invita a poner suma atención en los diálogos y actuaciones al espectador distraidillo. De eso se encargan las gafas que distancian a cualquiera.
Se trata de un remake que ya hizo Masaki Kobayashi que cuenta la historia de un joven samurái que pide realizar un ritual de suicidio en la residencia de un clan para poder morir con dignidad. Los flashbaks los utiliza Takashi Miike para llevarnos al terreno del amor y la venganza.







