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Omaina Nelson lleva veinte años entre rejas por la muerte de su marido y esta semana solicitó su libertad condicional. Sin importar que en 1991 asesinó, desmembró, cocinó y se comió porciones del cadáver, la presa no ha tenido reparos en asegurar: «No soy un monstruo». Omaina ha explicado su crimen como un acto de defensa propia. Aunque la correspondiente comisión de California ha denegado su petición asumiendo que la mujer representa aún un peligro para la sociedad.









