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Tras diez años dedicado a la literatura infantil, Andrea Molesini se dio cuenta de que estaba perdiendo a su niño interior y decidió dar rienda suelta a nuevas inquietudes. Fue entonces cuando se topó con el diario de Maria Spada, hermana de su abuelo materno, en el que relata muy brevemente la ocupación de su casa por los soldados enemigos durante la Primera Guerra Mundial. Investigando sobre el tema, Molesini descubrió además que nadie antes había escrito sobre la resistencia de la población civil italiana en la Gran Guerra, y se puso manos a la obra. «Entre enemigos» (Lumen) presenta una historia de guerra, de penurias, de sufrimiento, pero también de descubrimiento, a través de los ojos de Paolo, un joven huérfano de 17 años que nada sabe de la vida hasta entonces. Todo ello, aderezado con un humor pícaro, a veces negro, del personaje del abuelo que, a falta de actos valientes, trata de mantener su dignidad con la palabra.
-El título original era «Non tutti i bastardi sono di Vienna», que en España se ha traducido como «Entre enemigos». Desde luego, no es lo mismo.
-Sí, es verdad que es muy distinto. La palabra «bastardo» en Italiano es muy importante, porque la situación de guerra lo que hace es contaminar todas las relaciones humanas, por lo tanto la guerra es una fuerza que «embastarda» —si pudiese decirse en español— todas las relaciones, por eso es tan importante en el título. En cambio «Entre enemigos» me parece un título mucho más neutro, no tan violento. Por otro lado, la frase italiana «Non tutti i bastardi sono di Vienna» es un endecasílabo, que es el verso italiano principal y remite a la estructura musical de la novela.
-Usted es un conocido autor y traductor de libros infantiles... ¿por qué este cambio de público y de temática?
«Creo que el libro tiene que pertenecer totalmente a su género»
-Al final del libro dice que la historia está inspirada en el «Diario de la invasión» de Maria Spada. ¿Qué conexión tiene con esta familia y este diario? ¿Cómo llegó hasta usted?
-María Spada era la hermana de mi abuelo materno. Escribió un diario breve, muy sucinto, donde hablaba de los oficiales que ocuparon su casa, y en cuanto lo leí me di cuenta de que tenía que escribir una historia. Digamos que vinieron a verme personajes que llamaron a mi puerta porque querían que contara su historia. Son todos personajes de ficción, excepto los oficiales enemigos, que existieron realmente. Estoy de acuerdo con Juan Marsé, que ha definido mi novela como visionaria, porque es verdad que hay muchas imágenes, es como un fresco cinematográfico que reproduce una época que ya no existe pero una situación que conocemos muy bien: ser huéspedes de nuestra casa. Ya no somos dueños de nusetra cultura ni de nuestra propia casa. Es como si hubiera un polvo sutil de la historia moderna que ha caído sobre notrosos y nos ha defenestrado, y todos sentimos como que vivimos la vida de otro, nos sentimos colonizados por una especie de cultura que no sabemos bien lo que es, algo invisible que nos hace sentir mal.
-¿Por qué eligió la primera persona como narrador?
—Buena pregunta (ríe). Me gusta. Porque la primera persona es más directa, más viva. Y he elegido la primera persona encarnada en un chico de 17-18 años... de hecho es una novela histórica, pero también una novela de formación, existencial, donde un chico que es huérfano, es decir, que tiene una herida afectiva, «agrede» al mundo. Tiene una enorme curiosidad por todo, es casi un «atracador» de conocimientos. No es alguien que pida caridad al mundo, sino que va contra el mundo. Es un pequeño Ulises que todo le provoca curiosidad porque sabe poco. No conoce a las mujeres, descubre el sexo, el amor, los celos, la traición, e incluso llega a matar, y descubre con disgusto que siente pacer al hacerlo.
-Uno de los personajes mejor conseguidos, que se convierte también en el más querido, es el del abuelo, ¿en qué o quién se basó para crearlo?
-Es un personaje imaginario, pero es muy importante en el libro, porque este libro es una tragedia contada con el tono de la comedia. El corazón es el de la comedia, y se debe mucho al abuelo, a sus bromas y sus comentarios. Al sentido del humor que tiene el abuelo. Es el primer arma que se utiliza para defender la dignidad de quien está oprimido y de quien ha sido derrotado. De alguna manera se defiende la el derecho a ser un ser humano completo, riéndose del mundo y de sí mismo.
-Ha sido galardonado por la crítica y por el público. ¿Qué supone para usted recibir el Premio Campiello?
-Es un premio muy importante, de hecho está considerado el más importante en Italia. Precisamente porque tiene dos jurados: el jurado de los críticos y luego tiene un jurado popular, compuesto por 300 personas anónimas que cambian cada año. Todos ellos son buenos lectores, la mitad hombres y mitad mujeres, mitad jóvenes y mitad jóvenes, y de todas las categorías sociales (obreros, empresarios, artesanos, etc.) Está muy bien representada la sociedad. Desde luego, convencer a ambos jurados resulta muy significativo. Tengo que decir que además el jurado popular me dio muchos puntos de ventaja, y como es un libro con un lenguaje muy articulado, no muy moderno (hecho así expresamente), resulta interesante que un jurado popular lo haya premiado. Quizás sea una reacción a la pobreza del lenguaje de los medios de comunicación y se empieza a sentir la necesidad de una vida más plena. Porque los límites de nuestro lenguaje son los límites del mundo.



