Siente miedo escénico?
-Depende; no es el pavor horroroso del «¡me quiero salir corriendo!», sino la adrenalina que te sube por los poros.
-¿Cuál es su adrenalina de vivir?
-La familia, los amigos, mi perro.
-¿De que está segura?
-Estoy un poco loca, eso es seguro. Soy bastante alocada. Tengo que contar hasta diez... antes de...
-...No se preocupe, nos pasa a todos.
-Hago lo primero que se me pasa por la cabeza sin pensar en las consecuencias.
-¿Es tan «alocada» como Gilda, su alter ego en «La alegría de vivir» Teatro Galileo de Madrid.
-Gilda es bastante más madura que yo; yo soy alocada en el aspecto de loca total, pero Gilda lo que tiene es un pronto muy fuerte cuando cree que algo está perjudicando a alguien a quien quiere.
-Gilda tiene dos enamorados. ¿Revolotean, pues, las mariposas dentro del estómago?
-Siempre, pero en Gilda es uno. Tiene lo que quiere, dos amigos fantásticos, a los cuales adora, y cada uno es una cosa distinta: uno es muy corazón, el otro muy cerebral. Gilda odia la fama.
-¿Y usted: le preocupa, molesta, agobia la fama?
-Me asusta. Gilda lo dice en la obra: «El éxito es muchísimo más peligroso que el fracaso», hay que estar el doble de atento y de precavido.
-Buscamos a alguien que saque algo bueno de nosotros mismos. ¿Esa es la alegría de vivir?
-«La alegría de vivir» es para mantener la sonrisa. Lo que queremos es que la gente venga al teatro a sonreír, a olvidarse de las cosas. La alegría es muy necesaria por todo lo que la gente piensa que pasa. La gente necesita salir de pensar tanto en lo malo.
-El teatro es ¿la gran evasión?
-El teatro es para eso; si no, ¿para qué? Es maravilloso meterse en el cuerpo de otras personas. Me gusta investigar una historia, una manera de vivir, cocinar... porque lo pasas muy bien.
-¿Es usted una mujer discreta?
(Sonrisas). ¡Ese es el gran consejo familiar! La verdad es que nunca me he dado mucho a conocer por mi discreción. Mi padre me dice: «Cariño, recuerda, sé discreta». Mi madre me explica lo que quiere decir. En la familia nos regimos por la discreción.
-¿Le han dejado volar sola?
-En libertad absoluta. A mi hermana, a mi hermano y a mí. Siempre hemos sido muy confiables, aunque yo he sido de los tres la más majara. Mi hermana ha sido santa, con lo cual, nada; y yo estoy alocada, pero nunca he pasado los límites.
-¿Le gusta el cine?
-Soy una adicta.
-¿Su película favorita?
-«Perdición». Tuve que hacer una escena en Lon- dres y me encantó Bárbara Stanwyck. De pequeña no me gustaba nada el cine negro, y mi padre me animaba a verlo; yo pensaba que era un cine aburrido, porque era negro...
-Bob Dylan y Leonard Cohen son Príncipe de Asturias de las Artes y las Letras; falta su padre...
-Sí, sí. Bob Dylan me vuelve loca.
-¿De los tres con quién se queda?
-Con el Príncipe de Asturias para... Ángel Nieto.
-«Teu angel de la guarda» es su canción.
-Yo estaba en Londres. Mi padre no me lo dijo. Fue al escuchar el disco entero. Una preciosidad.
-¿Y su favorita del poeta Joan Manuel Serrat?
-Me rompe el alma el «Romance de Curro el Palmo». -¿Recuerda cómo compone su padre?
-En su despacho. De él he heredado la capacidad de estudiar con algo de fondo; él se mete en su sitio, y el teléfono, descolgado, claro.
-No le gustan a usted los silencios, pues.
-Nada, me vuelvo loca.
-¿Y el silencio más incómodo?
-El peor es cuando conoces a alguien, ¡umm!, ¿de qué hablamos? Yo no hablo del tiempo, suelto alguna majadería o la marca de la casa: un chiste de esos de «se abre el telón...».


