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PasquiLolxD. Quizá a muchos no les suene este nombre, pero muchos internautas españoles habrán compartido en las redes sociales, mandado por correo electrónico o comentado con sus amigos uno de los más de 2.000 vídeos que tiene en su cuenta de YouTube. Él, un anónimo espectador, es el gran encargado de difundir las piezas del programa de la televisión pública catalana TV3 «Alguna pregunta més?» («¿Alguna pregunta más?»), el espacio de humor que analiza semanalmente la actualidad televisiva y que ha traspasado las fronteras de la comunidad autónoma: su cuenta de Twitter tiene con más de 50.000 seguidores, y en Facebook hay más de 440.000 fans, muchos de ellos madrileños. De hecho, «la segunda ciudad de España donde más seguidores tiene el programa es Madrid (la primera es Barcelona). Tiene más incluso que cualquier otra ciudad catalana», dice Guillem Sans, director de «Alguna pregunta més?» («APM?»).
El origen de «APM?» es radiofónico. El periodista Antoni Bassas creó el programa para Catalunya Radio en 1995. «Cuando a los cuatro meses pasa a hacer el magacín matinal, decide incorporarlo como una sección al final de la emisión, para terminar con humor. Aquí empieza la verdadera fuerza del programa y comienza a tener notoriedad», cuenta Sans. La sección obtuvo en 1997 un premio Ondas al mejor programa de radio local.
En 2004 comienza la andadura del programa en TV3, la televisión pública catalana. Sans capitanea desde 2007 un equipo de más de 15 personas que disecciona con mucha creatividad los momentos más divertidos, impactantes o vergonzosos de la televisión nacional. Durante la semana, seis «visionadores», como los llama Sans, ven siete horas diarias de televisión para obtener los contenidos más jugosos. «Trabajamos a una semana vista, pero las cosas de actualidad que suceden las vamos metiendo. Cada día vemos imágenes interesantes. En función de ellas elaboramos un guion». Esas imágenes vienen de los visionadores pero también de la ayuda inestimable de los espectadores. Se trabaja en un ambiente de total libertad donde la única censura, si es que se le puede poner ese nombre, es el sentido común: «A veces tienes que tener en cuenta que puedes ofender a alguien, molestarlo, y hay que ir con cuidado. Nada más.»
De ahí salen secciones tan variadas como «Sputnik TV» (en referencia a un veterano programa del canal 33), donde los miembros del equipo cambian la canción a videoclips musicales, al igual que modifican la historia de las películas en «APM? Trailer»; «El defensor de l’espectador», en el que se denuncian las prácticas televisivas más dañinas para la audiencia, o «Homo APM», una de las favoritas de Sans, en la que un actor sale a la calle e interactúa con la gente utilizando frases recurrentes del programa.
En los ocho años de emisión que lleva «APM?» el programa ha traspasado fronteras. Gracias a Internet en general y a las redes sociales en particular sus divertidos sketches se conocen en toda España; incluso, en los comentarios de los vídeos se puede leer como han llegado hasta Argentina. «El formato del programa es cojonudo para la viralidad», explica Sans, «porque son vídeos muy cortos, que la gente aguanta mejor en Internet que con uno de cinco minutos. Es un tipo de producto muy fácil de compartir».
Sans reconoce el poder de los medios sociales como ayuda a la difusión del programa. «Realmente me sigue sorprendiendo que esté programa haya traspasado las fronteras de Cataluña y triunfe más allá del Ebro. Es un orgullo, estamos muy contentos, y que siga. Además, insisto, está muy bien que te vea gente del resto de España y te critique positivamente el programa. Nos anima a seguir trabajando en esta línea».
Por otra parte, las redes sociales les han generado una enorme interactividad con los espectadores: «Cuando termina el programa sabemos exactamente qué les ha gustado y qué no, porque nos lo dicen en Facebook y en Twitter». Y no solo eso. También está el cariño con el que la gente le habla. Sans recuerda dos de las mejores cosas que le han dicho los fans del programa: «Uno me dijo que aprendía catalán gracias a ‘APM?’ y otros te dicen que han tenido un mal día y que solo esperan a que llegue el programa. Para nosotros es motivo de orgullo que haya gente que esté esperando durante todo el día nuestro programa». Si los espectadores mantienen esa confianza en «APM?» («y no eres problemático», puntualiza el jefe), al programa le queda carrete.


