En Vídeo
En imágenes
El ruido de los «cachorros volvió a sonar en Bolivia. El ruido de las armas de la policía regresó con las protestas de los mineros, que se unieron a las movilizaciones contra el Gobierno de Evo Morales. Al presidente, antaño sindicalista revolucionario, la música de las manifestaciones de protesta y la huelga general le sonaba más a funeral que a baile regional.
Morales tomó buena nota y puso letra a unos acordes que ponen en duda la fortaleza de su Gobierno. La brutal represión policial a un campamento indígena el domingo pasado le está pasando una factura más alta de la que había previsto.
En busca de una credibilidad perdida en una población que continúa manifestando su desconfianza en las calles, el presidente salió a pedir perdón: «Nuevamente quiero decirles a las familias víctimas que nos disculpen, que me perdonen. Quiero que sepan que no hubo ninguna instrucción (de arrasar el campamento)».
Evo quiere recuperar la credibilidad perdida
En la misma misiva y como hiciera un par de días antes, «El Evo», como le siguen llamando en la calle, atacó a los medios de comunicación. «Dijeron que había muertos, heridos, desaparecidos pero no presentan pruebas. Hablan de seis, de nueve, de un niño fallecido, ¿Dónde están? No hay pruebas», preguntó.
Gobierno cada vez más solo
Durante la refriega entre las fuerzas de seguridad y los indígenas que quieren impedir la construcción de un carretera en el corazón del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis) hubo una estampida hacia los montes. Distintas informaciones, incluido el Comité de los «marchistas», el grupo de indígenas que acampaba, señalaron que había decenas de desaparecidos y varios muertos, entre ellos un bebé. Las imágenes registradas no mostraban los cadáveres pero sí el maltrato a niños y hasta mujeres embarazadas.
«El único apoyo social que le queda al Gobierno es el de los cocaleros. Cada día que pasa está más solo», observa la historiadora Ximena Costa. La obsesión de Morales por quedar al margen de una decisión de la que es el máximo responsable político no parece dar los resultados deseados.
«El único apoyo que le queda al Gobierno es el de los cocaleros»
En este contexto el «yo no fui» de Evo Morales ha dado pie a comentarios más irónicos que jocosos. El diputado Wilman Cardozo declaró que el Gobierno podría saber «fácilmente» quien ordenó la intervención si recurriera a simples «pinchazos telefónicos». Entre tanto, el destacamento antimotines que ejecutó las órdenes y ha quedado prácticamente aislado denuncia: «Nosotros fuimos el músculo pero el cerebro está en La Paz».








