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Adriana Molder muestra su lado salvaje

La galería Oliva Arauna acoge «En la casa del León», el último proyecto de la portuguesa Adriana Molder, cuyos puntos de partida son sendas obras de Odilon Redon y Pietro Longhi

Día 29/09/2011 - 06.08h
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Obra de la serie «En la casa del León» de Adriana Molder
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Obra de la serie «En la casa del León», de Adriana Molder
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Obra de la serie «En la casa del León», de Adriana Molder
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Obra de la serie «En la casa del León», de Adriana Molder
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Obra de la serie «En la casa del León», de Adriana Molder
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Cuando alguien entra en la galería Oliva Arauna, en Madrid, tiene la impresión de ser un adiestrador de leones... Y de arte. Porque enfrentarse al último trabajo de Adriana Molder (Lisboa, 1975), En la casa del León, supone un pulso entre cada pintura y uno mismo, entre cada león y uno mismo. A modo de una metamorfosis kafkiana, la portuguesa presenta una serie de personajes, a priori humanos, que se han «leonizado». El punto de partida para la artista está en un dibujo de Odilon Redon y, sobre todo, en un cuadro pintado por Pietro Longhi titulado Il casotto del Leone –en castellano, «La casa del león»–.

Según las leyes de lo verosímil

Redon afirmaba que toda su originalidad consistía en dar vida, de una manera humana, a seres inverosímiles y hacerlos vivir según las leyes de lo verosímil, algo que también intenta lograr la portuguesa en sus cuadros. Admirador de Edgar Allan Poe, influido por Darwin e ilustrador de libros de Baudelaire, Redon, precursor del surrealismo, tiene obras en los que el personaje es un híbrido entre un animal –un insecto– y un ser humano, por lo que, en cierto modo, la obra de Molder es una paráfrasis en tinta china, sobre papel translúcido y a gran escala, de algunos de los protagonistas de los trabajos de Redon.

Pietro Longhi (1701-1785), por su parte, era un pintor y grabador veneciano de escenas costumbristas. La obra a la que Adriana Molder alude, Il casotto del Leone, representa una escena del mundo cotidiano veneciano, aunque ninguno de los personajes observa al peligroso animal. Así pues, la artista comienza con la recreación de la pintura de Longhi y se presenta como la narradora. ¿Qué se observaría desde la perspectiva del león del italiano? Ella observa lo que ocurre en la casa del león y le describe al público todos sus personajes misteriosos y peculiares. Sin embargo, la situación cambia. En los cuadros de Longhi, suele haber un animal al que los humanos observan. En este caso, los humanos adoptan la perspectiva animal, de modo que son los leones los que rodean y observan al espectador.

Mediante máscaras, disfraces, antifaces, sombras, humo y la mezcla de rostros –blancos y negros– y ojos rojos, Molder consigue narrar una ilusión intimidatoria donde lo cotidiano se convierte en extraño. Una situación en la que el observado es uno mismo, una especie de Gregorio Samsa que se empequeñece de un momento a otro.

Adriana Molder

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