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Cristina García Rodero: «Un retrato ha de ser creativo, da igual si es pintura o fotografía»

Manuel Marín quiere que ella sea la autora de su retrato para el Congreso, pero José Bono se opone porque ve más adecuada una pintura que una fotografía. «Nunca soñé entrar en la agencia Magnum porque está muy centrada en la actualidad, y lo mío es hablar de lo eterno, acercarme al ser humano»

Día 26/09/2011

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Ha recibido el encargo de retratar a Manuel Marín, aunque su objetivo no se suele centrar en los políticos. ¿Tan poco le han interesado a lo largo del tiempo?

-He tratado con muy pocos. Y además siempre los he visto instalados en la parte del poder, y a mí el poder no me gusta. Cuando captas con la cámara tradiciones populares, como llevo yo haciendo más de treinta años, te das cuenta de cómo a la inmensa mayoría de la gente le están vedadas determinadas cosas que sí se les permiten a otros pocos porque forman parte del núcleo del poder. Vives muy de cerca esa circunstancia de tanta desigualdad, y eso siempre me ha producido rechazo.

-José Bono arguye que no es partidario de introducir una fotografía en la galería de retratos del Congreso para no romper una tradición que data de 1810.

-¡Pero si en 1810 no había nacido la fotografía! No parece un argumento de peso.

-Al no querer colgar esa imagen en la Carrera de San Jerónimo, parece en todo caso claro que Bono establece una jerarquía en la que la pintura es un arte de rango superior.

-Puede que lo haga por un planteamiento de perdurabilidad, porque parece que una fotografía dura poco y que sin embargo ahí tenemos las pinturas rupestres. Pero de la fotografía hoy en día podemos decir que se va a conservar eternamente. No es justo restarle valor porque detrás haya un medio técnico, la cámara, o porque la obra se pueda multiplicar las veces que se quiera. La pintura es una obra única, pero eso no la hace mejor ni peor porque lo importante es la calidad. Y como yo vengo de la pintura, sé perfectamente la poca creatividad que hay en muchos pintores que no tienen nada que decir ni nada que aportar. Hoy en día, la pintura está pasando por una etapa de crisis y sin embargo la fotografía está en un momento esplendoroso.

-Y usted forma parte de la «crème de la crème». ¿Qué supone estar en Magnum?

-Entré en 2005 y soy miembro de pleno derecho desde 2009. Eso supone estar dentro de una gran familia que lucha por la calidad de la imagen y por los derechos de la fotografía, para que el autor sea dueño de su trabajo, y no los periódicos. Y, además de eso, entras en un circuito internacional. Tu obra viaja por el mundo y un equipo procura que las fotografías estén en los mejores sitios, gracias a un «staff» que vela por el sueño de Robert Capa y de Cartier-Bresson.

-Pero es un miembro atípico de esa agencia.

-Es verdad, porque nunca fue mi sueño entrar en Magnum. Lo veía como algo muy alto y centrado sobre todo en la actualidad, en las guerras y conflictos. Y yo no podía dedicarme a eso porque he vivido siempre de mi trabajo de profesora, primero de dibujo y luego de fotografía. No podía dar a la agencia el cien por cien, y además no me interesaba la guerra, sino cosas eternas. Y al final, ese es mi trabajo: hablar de la vida, descubrir culturas nuevas, acercarme al ser humano y sentirlo próximo.

-Suele decir que su interés no se centra tanto en el hecho que se celebra como en el entorno.

-Sí. Yo digo que las cosas importantes a nivel fotográfico, sobre todo por la espontaneidad, te las encuentras antes o después, que es cuando la gente es ella misma. Por ejemplo, un chico que en una procesión hace de Jesucristo y antes de que empiece está dándole besos a su novia y fumándose un cigarrillo...

-Lleva casi cuatro décadas captando la esencia de la vida española. ¿En qué hemos cambiado?

-He vivido años importantísimos, de una gran transformación. Además de la conquista de la libertad de expresión, ha cambiado mucho el comportamiento sexual, porque cuando empecé a trabajar para ir con tu pareja a un hotel tenías que llevar el libro de familia. Y he visto poner multas a las chicas por llevar biquini. Por eso ahora me gustaría trabajar en festivales de música joven, para ahondar en los nuevos comportamientos. Eso sí, mi mirada será la misma, aunque hayamos pasado de las sales de plata a lo digital.

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