Cine

Cine / CRÍTICAS

Las críticas de los estrenos del 23 de septiembre

Nuestros críticos te desvelan las claves de la cartelera del fin de semana

Día 23/09/2011 - 19.40h

«No habrá paz para los malvados»

POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE

El paso de esta película por el Festival de San Sebastián ha dejado ya un rastro de adjetivos fáciles de seguir y una impresión muy afinada sobre su doble vertiente: como cine de género, negro, fuerte y despiadado, y como cine que aborda sin disimulos una ficción, una fabulación, sobre el Madrid previo al 11-M. La carta de presentación del personaje, el comisario Santos Trinidad, es de esas que te cortan la digestión: una primera secuencia en la que, aun sin entender nada, ya subraya al personaje con una definición que cabe en una blasfemia… Ya conocemos para siempre a Santos Trinidad, que tiene el careto masacrado que le presta José Coronado junto a unas cuantas frases, no muchas, pero sí compactas como la yema de un huevo muy cocido. Enrique Urbizu convierte su película en un doble rastreo, el de Santos Trinidad que persigue un cabo suelto de una de sus fechorías y el del espectador que acecha a Trinidad para ver qué descubre… Hay dureza, sequedad, negrura, sordidez en la descripción de movimientos y ambientes, que son los habituales del género, comisarías, baretos, puticlubs… No se aprecia cálculo ni premeditación en la densidad que cobra la trama: no existe un momento clave en el que Santos Trinidad o el espectador se percaten con exactitud de en qué se ha convertido este caso sin pies ni cabeza, pero, de repente, ambos (el comisario y el espectador) se encuentran inmersos y al mismo lado de la línea en una carrera por desvelar algo que le da al policía en la nariz y al espectador en la memoria… Gran mérito de Urbizu: primero desprestigia al policía (genial tarea en la que colabora un Coronado extremo, abusón y brutal, que se bebe los cubatas apenas manchados de coca-cola) y luego te sitúa junto a él, a su código moral. Como en el mejor cine negro, las arrugas de la trama impiden el buen planchado de la película, que, en este caso, desvela mucho menos que lo que oculta. La minuciosa descripción de movimientos, de tiempos, de personajes (todos canallas, todos oscuros), de cruces y casualidades es completamente epidérmica, es decir, que estamos siempre en el pellejo de la historia; nunca se adentra al fondo, a las trastiendas, al lugar donde se traman los azares. Lo cual demuestra lo hábil y gran cineasta que es Urbizu, que hace un magnífico thriller con sus clichés, sus hallazgos y sus puntos suspensivos, en vez de lo que tenía más a mano: una mala y maniquea película presuntamente política.

«El género femenino»

POR F. MARÍN BELLÓN

Carlos Benpar ya había mostrado su interés por el cine dentro del cine en el documental «Cineastas contra magnates» (le siguió «Cineastas en acción»), un interesante alegato contra la manipulación sufrida por los autores desde que su trabajo depende del dinero de otros. Léase siempre. En «El género femenino», da rienda suelta a las fantasías de un director rodeado de mujeres cuyas acciones no entiende (salvo cuando actúan en su favor, como decía el otro). Gary Piquer es la convincente mosca atrapada en esta tela de araña femenina, una suerte de Woody Allen agelasto y por tanto incompleto. El término, que significa algo así como «el que no se ríe» —no lo busquen en la RAE, sino a su alrededor—, alude a una severa cojera psicológica del personaje y de la película entera. La falta de sentido del humor se hace patente en los diálogos, por lo general bien escritos (sin «faltas»), pero a la vez algo petulantes o incluso antinaturales. Benpar tapa las carencias emocionales mientras nos descubre, entre citas más o menos eruditas, a sus jóvenes actrices, sobre todo a Paula Jiménez y Anna Gonzalvo. Los veteranos Fernando Guillén y Pep Cruz completan el arco, con Silvia Marsó de bisabra.

«Kerity, la casa de los cuentos»

POR J. CORTIJO

Los siempre adultos cines Verdi abren con esta película un luminoso desván de la fantasía orientado al público infantil, pero, como mandan los cánones, guiñando el ojo al acompañante adulto. Y han andado inspirados de puntería para el estreno, ya que el atávico sueño de compartir vivencias con personajes de cuentos está tan arraigado en el ser humano como otros retorcidillos impulsos freudianos. Tal es la propuesta de esta bella, sencilla e «ilustrada» cinta de Monfery, más en su línea daliniana de «Destino» que de la boboncia de «Franklin», en clave de «road movie» metaliterario con delicado trazo centroeuropeo, simpatía por Alicia y mensaje conciliador con los amigos imaginarios, aunque no deje en buen lugar a los libreros de viejo. No es Ghibli, pero tampoco DreamWorks. Nada que objetar, pues.

«Los pasos dobles»

POR E. R. M.

François Augiéras es un pintor y escritor francés que vivió y murió en África, donde dejó una huella que ahora persigue Isaki Lacuesta, la revelación de un búnker perdido en el desierto que el pintor apabulló de frescos hasta convertirlo en (según se dice) una especie de Capilla Sixtina. La película también se presenta como una búsqueda del arte en cualquier síntoma del azar, tal y como se afana en demostrar el pintor Miquel Barceló con los huecos que abren las termitas en sus lienzos… La expectativa es enorme: la búsqueda de Augiéras y el encuentro con Barceló, pero en algún momento «Los pasos dobles» se convierten en otra cosa, en un trazado paralelo al previsto en el que Lacuesta recrea ficciones, con varios hilos narrativos y la misión de entrelazar las expectativas que había creado en el arranque, o la misión de que funcionen de un modo alusivo, digamos. Compone algunos momentos realmente buenos, pero a mi modo de ver no consigue ni encontrar lo que busca ni buscar lo que encuentra (Barceló se le escabulle entre sus dedos hacia otra película, el documental «Cuaderno de barro»)…, como si las azarosas termitas también hubieran roído su película y se nos presentara llena de huecos.

«Con derecho a roce»

POR J. M. CUÉLLAR

Es una pena que en numerosas ocasiones la idea global se coma a la idea menuda. Miren este trabajo de Will Gluck: cuenta con unos diálogos atrevidos, posmodernistas, muy actuales y hasta divertidos. Empero, Gluck no puede eludir la idea general: y es que desde el mismo título de la película, pasando por su promoción, fotos y demás, se ve todo el nacimiento, desarrollo y final. Y sin siquiera haber entrado en la sala. Luego, solo dos sorpresas: los diálogos y un buen Timberlake. Vale, ha salido con Jessica Biel, es guapo, famoso y simpático, todo le va bien y es majo, así que con ese arsenal debería caer como el culo. Pues no, cae bien el tío. Pero ni siquiera él puede evitar que sepamos cómo va a acabar tanto roce.

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