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«Se van apagando. Se te van. A quién más quieres, lo vas perdiendo», lamenta Gregorio Pintor, de 76 años. Hace cuatro años que su mujer, Pilar Dargel, de 71, padece alzhéimer. «Nos conocemos desde los 12 años, tenemos cuatro hijos y nueve nietos, pero se va olvidando», cuenta Gregorio con la tristeza en su rostro. Hoy se celebra el Día Internacional del Alzhéimer. En España, unas 600.000 personas padecen esta enfermedad, aunque la Sociedad Española de Neurología calcula que hay 200.000 casos sin diagnosticar. «Resulta complicado para el paciente o sus familiares distinguir los síntomas, ya que suelen achacarse a los cambios de la edad», explica el doctor Pablo Martínez-Lage. A Gregorio, fueron sus hijos quienes le alertaron: «Algo le pasa a mamá». «¡Pero qué dices, hombre!», respondía incrédulo, hasta que el neurólogo les dio la razón. «La enfermedad va despacio, porque hace cuatro años que se medica, pero va…», afirma Gregorio.
Pilar recuerda a sus hijos y a sus nietos, aunque los números y las fechas le bailen. No sabe qué día es y vive desorientada. «Una vez se me perdió y cuando la encontré me dijo que dónde estaba yo», sonríe.
Ella no sabe que padece alzhéimer, aunque Gregorio la acompaña, de lunes a viernes, a la Asociación de Familiares de Personas con alzhéimer de Getafe, donde canta, juega, hace trabajos manuales, un poco de ejercicio… «Para ella es como volver al “cole”.Es feliz», sonríe Gregorio.
La dependencia no llega
«Son esas terapias no farmacológicas —estimulación cognitiva, fisioterapia, reminiscencia…— las que mejor funcionan», afirma el presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Personas con Alzhéimer (Ceafa), Arsenio Hueros. El problema es que la Ley de Dependencia no las ofrece. «Tristemente, en vez de dar servicios, se provee económicamente, cuando lo que mejora la calidad de vida no es el dinero, sino el trato profesional», denuncia Hueros. Eso, cuando el dinero llega, ya que el tiempo que las familias han de esperar para lograr que se reconozca su dependencia, «a veces es tanto que, cuando les llega la notificación, ya han fallecido», explica el presidente.
Gregorio, que compartió partido con Adolfo Suárez, también reivindica más apoyo: «Pedimos vivir con dignidad. En la asociación, hay personas que apenas pueden costearse la inscripción, y merecemos poder ayudar a las personas que queremos».
En Ceafa se considera que ayudar a los enfermos y sus familiares no corresponde sólo a las asociaciones, sino también al Gobierno y a la sociedad. «Necesitamos una política de Estado sobre el alzhéimer, para responder a las necesidades de quiénes sufren esta enfermedad —explica Hueros—. Otros países, como Holanda o Inglaterra, ya la tienen».
«Esto es muy duro», lamenta Gregorio. «Mi mujer es la que mejor está, pero al ver cómo acaban, casi vegetales, te preguntas si tú, como cuidador, tendrás fuerzas para seguir. Yo creo que sí, no podría dejarla sola».





