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Un túnel bajo el helado estrecho de Bering unirá Eurasia con América

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Moscú quiere convertir Rusia en un país de tránsito de mercancías y pasajeros

Día 20/09/2011 - 11.51h

La insólita realidad de que Europa, Asia, las dos Américas e incluso África queden unidas por una red ferroviaria única podría estar ya a la vuelta de la esquina, si los Gobiernos de Rusia y Estados Unidos consiguen encontrar suficientes inversores para financiar la construcción de un túnel submarino bajo el remoto estrecho de Bering, cuyas aguas permanecen congeladas la mayor parte del año.

En el mastodóntico proyecto están también involucradas China, Corea del Sur, Canadá, Finlandia y Suecia. Llegado el momento, España y Marruecos tendrían que acometer las obras para tender otro túnel submarino a través del estrecho. Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, podría quedar conectada por tierra con Shanghái, evitando así el peligro que encierran las vías marítimas de apresamiento en el Golfo de Adén por los piratas.

Pero lo que realmente constituiría un logro sin precedentes sería conseguir que un tren de mercancías parta de Lisboa y llegue a California en menos tiempo que un barco de carga. De todo esto se habló en agosto durante una conferencia internacional para el desarrollo de las regiones del noreste de Rusia, celebrada en la ciudad de Yakutsk, en el corazón de Siberia.

El moderador del encuentro, Víctor Razbeguin, aseguró que “el proyecto está ya en marcha”. El responsable ruso ocupa la subdirección del Departamento de Prospecciones del Ministerio de Economía ruso y, según sus palabras, “las obras para unir por ferrocarril Rusia y EEUU constan de tres fases: una que compete a Rusia y que contempla enlazar Chukotka con la línea del Transiberiano, la segunda, que es asunto de Estados Unidos, consistente en construir las ramificaciones de vía necesaria en Alaska y, por último, la tarea de horadar el túnel por debajo del mar en el estrecho de Bering”.

Chukotka, situada en el extremo noreste de Rusia, frente a la costa de Alaska, carece de vía férrea y apenas tiene carreteras que la comuniquen con el resto de Rusia. El ramal de tren que parte hacía el norte desde la localidad de Skoboródino, en el itinerario del Transiberiano (Moscú-Vladivostok), le queda poco para llegar a Yakutsk, menos de 500 kilómetros. Pero aún tendrán que tenderse después otros 3.000 kilómetros desde Yakutsk hasta Uelen, en Chukotka.

De Londres a Washington en menos de una semana

Alaska también necesitará prolongar su vía, por el noroeste, hasta el Cabo Príncipe de Gales (península de Seward) y, por el sureste, hasta la Columbia Británica (Canadá), en total 2.000 kilómetros de línea adicional. En cuanto al túnel, de acuerdo con las informaciones de Razbeguin, tendrán una longitud total de 103 kilómetros y su punto medio estará situado en las islas Diómedes. Sería así el túnel submarino más largo del mundo. El Eurotúnel, en el Canal de la Mancha, tiene una longitud de 50,5 kilómetros.

El trayecto a través del estrecho de Bering obtendría sin duda el récord de bajas temperaturas. Por eso, está previsto que en un principio lo utilicen exclusivamente trenes de mercancías. El costo previsto de toda la línea desde Yakutsk hasta la Columbia Británica, asegura Razbeguin, se calcula en 60.000 millones de euros, de los que entre 10.000 y 12.000 millones se irían a la construcción del túnel. Harían falta de 10 a 15 años para su realización y entre 13 y 15 para amortizar la inversión. Más adelante, la infraestructura podría admitir también alta velocidad para pasajeros e incluso añadir una pista para automóviles. Desde Londres a Washington, yendo en un tren de alta velocidad por el este, se tardaría menos de una semana.

A comienzos de septiembre, durante el III Salón Ferroviario Internacional de Moscú, Vladímir Yakunin, director de RZhD, los ferrocarriles rusos, dijo que “el programa de modernización de los trenes de nuestro país prevé la construcción de 20.000 kilómetros nuevos de vía y renovar el parque de locomotoras”.

Por su parte, Valeri Reshetnikov, vicepresidente de RZhD, afirmó que los ferrocarriles rusos se proponen “jugar un papel decisivo en la integración económica de Rusia y la Unión Europea”. Más adelante, una vez construido el túnel de Bering, se intensificaría también el comercio con Estados Unidos. “Queremos que Rusia sea país de tránsito de mercancías y vamos a desarrollar su tráfico”, aseguró Reshetnikov.

Yakunin sostiene que “un convoy de mercancías desde China a la frontera con Austria tardará nada más que siete días”, lo que supondrá acortar considerablemente los plazos en comparación con el transporte marítimo. Más o menos lo mismo se tardaría en trasladar la carga desde China a la costa este de EEUU, una vez esté terminada la línea a través del estrecho de Bering.

Una idea del siglo XIX

La idea de unir Asia y América mediante un túnel viene de lejos. La planteó por primera vez a finales de siglo XIX el entonces gobernador de Colorado, William Gilpin. La hizo suya poco después el último zar ruso, Nicolás II. Pero la tecnología en aquellos tiempos no estaba a la altura de tal propósito y las dificultades técnicas obligaron a olvidarlo.

En 1918, Vladímir Lenin, el padre de la Revolución de Octubre, se propuso que el tren llegase hasta Chukotka y a otras regiones remotas de Rusia con la intención de facilitar el transporte de materias primas. Pero el plan no llegó a completarse, aunque estuvo sobre la mesa durante décadas.

La aspiración de tender un túnel desde Chukotka a Alaska resurgió en 1991 con la creación en Washington de una corporación internacional de empresarios denominada Interhemispheric Bering Strait Tunnel and Railroad Group (IBSTRG). Cinco años más tarde, el Gobierno estadounidense asignó 10 millones de dólares para la realización de un estudio que determinase la viabilidad del proyecto.

Fue entonces cuando surgió la controversia en torno a la rentabilidad económica de tan faraónica realización y a las posibilidades reales de culminarla desde el punto de vista técnico. Los partidarios del túnel sostienen que la distancia entre la costa de Chukotka y la isla rusa de Ratmánov, la más grande de las Diómedes, es de unos 52 kilómetros. Ese sería uno de los dos tramos del túnel, el de más longitud. Y los hay más largos: el de base de San Gotardo, en los Alpes, (57 kilómetros) y el de Seikan, que enlaza las islas japonesas de Hokkaido y Honshu (53,9 Lilómetros), el más largo del mundo bajo el mar y cuya construcción duró 25 años.

Muchas más dudas suscitan aún los posibles plazos de amortización del dinero a invertir. Los 13-15 años que apunta Razbeguin, a juicio de algunos economistas, serían factibles, si el trasiego de mercancías en Siberia procedente de China fuese muy superior al actual. De momento, las compañías se decantan por el transporte marítimo. Aunque, según Yakunin, “se trata de una situación transitoria que cambiará cuando hayamos terminado de modernizar nuestras líneas de ferrocarril”.

RZhD calcula que a través del túnel de Bering pasarían anualmente unos 100 millones de toneladas de carga, cantidad suficiente para amortizar los costos en menos de 15 años. En 2007, el ministro de Transportes ruso, Ígor Levitin ya advirtió que la financiación del proyecto debe recaer mayoritariamente en manos privadas. Yakunin precisó hace unos días que el Estado ruso no puede poner más del 40% para el conjunto de las inversiones en el sector ferroviario.

El magnate Román Abramóvich, dueño del equipo de fútbol londinense Chelsea y actual diputado de la asamblea local de Chukotka, es una de la figuras que el primer ministro ruso, Vladímir Putin, ha logrado implicar. Abramóvich ha comprado la taladradora de túneles más grande del mundo. Ahora se está utilizando en Sochi, en la línea de tren entre el aeropuerto de Adler y Krásnaya Poliana, donde tendrán lugar la mayor parte de las competiciones de la Olimpiada de Invierno de 2014. Pero el artefacto se utilizaría después en Chukotka para abrir el túnel de Bering.

Una decisión definitiva sobre si Asia y América quedarán conectadas por tren tal vez se adopte en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) del año que viene. Tendrá lugar en el puerto ruso de Vladivostok, en el Mar de Japón.

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