Madrid

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La trágica fortuna de Amalia Gans

Hallan muerta, atada y amordazada en su piso de Argüelles a la rica y anciana heredera de un fundidor alemán

Día 17/09/2011 - 05.30h

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Amalia García Gans era una mujer austera, seria, reservada y solitaria. Heredera de un elevado patrimonio inmobiliario atesorado por su abuelo materno, un industrial de origen alemán que aterrizó en España en el siglo XIX y creó la primera imprenta de Madrid, no hacía ostentación de su riqueza. Quien no la conociera no podía imaginar el tamaño de su fortuna.

Menuda, no muy alta y de cabello oscuro, vivía sola, en la cuarta planta de un inmueble de su propiedad, situado en el número 8 de la calle de Gaztambide, en el barrio de Argüelles (Moncloa-Aravaca), donde ayer apareció su cuerpo sin vida y con signos de violencia. Amordazada e inmovilizada con cinta de carrocero, la misma que le atenazaba el cuello, fue hallada justo en la entrada del inmenso piso, de unos 300 metros cuadrados, detrás de la puerta y con las manos atadas a la espalda.

En el cadáver, aún ensangrentado y con evidentes signos de descomposición, se apreciaban golpes en la cabeza, según explicó su hermano Gerardo, tras identificar a la fallecida. No se conoce aún si fueron los golpes los que provocaron su fallecimiento o recibió algún disparo de bala o cuchillada, ya que, por la posición del cuerpo —boca abajo, en el suelo del pasillo— no se pudieron apreciar. Tampoco se sabe si pudo perecer asfixiada o estrangulada, dado que, al parecer, presentaba algunos moratones en el cuello. Será ahora la autopsia la que determine con exactitud la causa del óbito.

El bolso, junto al cadáver

La hipótesis inicial que se baraja es la del robo, dado que la casa estaba totalmente revuelta; aún así no se descartan otros móviles, habida cuenta de las circunstancias en las que se encontraba el cuerpo. La puerta de entrada de la vivienda, que ocupa la cuarta planta en su totalidad, no estaba forzada, por lo que todo apunta a que el autor o autores del crimen sorprendieron a la mujer cuando iba a entrar o salir (junto a ella se encontraba su bolso) o bien que se tratara de alguien conocido. Era desconfiada y de pocas relaciones sociales. «Aquí todo el mundo sabía lo que tenía, pues nuestra familia es muy conocida en la zona. Medio barrio de Argüelles era de mi abuelo» Richard Gans, subrayaba su hermano Gerardo. Impasible ante los dramáticos hechos y sin reaccionar aún ante el triste final de su hermana —«con la que no me hablaba, de hecho me fui de aquí para no coincidir con ella y vendí el edificio de enfrente»—, fue él quien avisó al 112, alertado por los vecinos, que llevaban varios días sin verla.

«El 14 de septiembre aparqué en su puerta a las 12.30, justo cuando ella entraba en el portal», precisó. Los vecinos la empezaron a echar en falta el domingo pasado. «Empezaba a oler mal en la escalera y en su vivienda estos días siempre se quedaba encendida una luz», explicó uno de ellos. La última pista que hizo sospechar a los residentes en el edificio sobre la suerte de su casera fue el comentario de su empleada de hogar, indicó Marco, quien regenta desde hace una década el restaurante italiano situado en los bajos del bloque propiedad de la difunta. «Nadie tenía las llaves de su piso, por lo que había ideado un curioso sistema para pagar a la mujer de la limpieza: le dio una copia de la llave del buzón y ahí le dejaba el dinero». Esta semana no lo hizo y no respondía, por lo que la inquietud aumentó ayer.

Fueron los bomberos los encargaron de abrir la puerta, mientras que los sanitarios del Samur no pudieron hacer otra cosa que certificar el fallecimiento. Sin manipular el cadáver, avisaron de inmediato al 091. Los ocupantes del bloque, en su mayoría jóvenes estudiantes, contemplaban desde sus ventanas, atónitos, a la Policía y a los curiosos congregados bajo el portal. «Amalia vivía aquí desde hace unos 50 años, siempre iba arreglada y peinada de peluquería, pero era muy discreta», indicó una conocida. «Venía a desayunar y apenas hablábamos. Era muy joven para morir. Es una pena», decía la encargada del bar situado en la acera de enfrente.

«No quería vivir con nadie»

El inmueble aledaño a ese local también era de Amalia, «al igual que el de Princesa, 65, 66, Altamirano, 4... Medio barrio de Argüelles era propiedad de mi abuelo», fundador de la primera tipografía de Madrid, afirmó Gerardo. Sobre el posible intento de robo, aseveró: «Tenía un sinfín de propiedades, dos coches que no conducía en dos plazas de garaje que no usaba...; pero en la casa, creo que poco. Nunca trabajó y no quería vivir con nadie. Estaba soltera y era la pequeña».

La historia de una familia rica rota por una herencia

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