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PP y BNG desnudan las intenciones electoralistas de la propuesta estrella del líder de los socialistas gallegos
Acuciado por los conflictos internos de su partido en la confección de las candidaturas para las elecciones generales y con el electorado revuelto tras el giro neoliberal dado por el PSOE en los últimos estertores del gobierno de Zapatero, Manuel Vázquez fracasó ayer en su intento de encabezar algún asunto de la agenda política gallega, después de que, tal y como se presumía, el PP tumbase la propuesta socialista para retomar la reforma del Estatuto. Además de la negativa, el líder del PSdeG se llevó un rapapolvo de populares y nacionalistas, que cuestionaron sus intenciones reales al impulsar este debate.
En su intervención, Vázquez se enfundó el traje galleguista y planteó el Estatuto como herramienta «para resolver muchos problemas que tenemos y que contribuyen a agudizar la crisis en Galicia, problemas que merman nuestra capacidad para financiarnos, que impiden una reforma administrativa a fondo y que rebajan la prestación de los servicios públicos esenciales». «En este momento urge su actualización», defendió, «es la última oportunidad para que Galicia deje de llegar tarde a casi todo».
Además, para Vázquez parte del camino está recorrido, ya que el punto de partida para reformular el texto autonómico podría ser el borrador de mínimos al que llegaron los tres partidos en el proceso fallido de 2007, «actualizado» a la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña, que purgaba las veleidades soberanistas. «Pido a todos que estemos a la altura suficiente para situar a Galicia y los gallegos en el lugar que le corresponde», proclamó con tono de estadista.
Texto inválido
«Hay que empezar de cero», le replicó el nacionalista Carlos Aymerich, quien a pesar de sus críticas anunció el apoyo de su grupo «para hablar sin limitaciones del marco legal que Galicia necesita», aunque para ello fuera necesario enmendar la Carta Magna, porque «los pueblos no deben plegarse a las instituciones». «Votaremos sí aunque sea una iniciativa inoportuna, desconfiemos de sus motivos y discrepemos del contenido», resumió sucintamente.
«Coherencia no les sobra», espetó Aymerich a los socialistas, «porque si apuestan por incrementar el autogobierno, ¿cómo es que diputados del PSdeG votaron en contra en el Congreso a la transferencia del tráfico a Galicia o de mejorar cuestiones como las competencias para defender el naval?». A juicio del portavoz del BNG, «esta iniciativa coincide con la reforma de la Constitución por la puerta de atrás en contra de los intereses de Galicia y del bienestar social», y el PSOE «busca levantar una cortina de humo».
El dirigente socialista insistió en importar a Galicia «el pacto constitucional» que PSOE y PP han alcanzado a nivel estatal para establecer un límite al déficit público, medida que su partido no respaldó minutos más tarde en la votación sobre la instauración de un techo de gasto autonómico para la Xunta de cara a 2012. «Lo suyo es una maniobra de distracción», valoró el popular Pedro Puy, para quien el control del gasto «le hace daño a su base electoral».
«No creo que sea más galleguista quien quiera reformar el Estatuto», añadió Puy, «pero sí es más autonomista quien defiende la ley de cajas ante un recurso injustificado del gobierno del Estado, quien defiende la derogación del decreto del carbón, el mantenimiento del tax lease en el naval o el decreto de fármacos». A su juicio, «no hay demanda real» en la sociedad para retocar la carta estatutaria, y recordó que las reformas que han salido adelante «son las que se consensuaron, y no las que presentaron los partidos de la oposición de forma unilateral».
El portavoz del PPdeG en la Cámara negó que Galicia «esté en la segunda división» por no haber renovado su Estatuto, ya que «el País Vasco tampoco lo ha hecho, y el PSOE allí no pide su reforma sino que defiende el marco actual». «No dude del compromiso de este grupo con el Estatuto de 1981 y su reforma dentro de la Constitución», finalizó, «pero para desviar la atención ahora que estamos al borde del avismo, ahí no nos va a encontrar».












