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«Los funcionarios deben ser como trabajadores del sector privado»

Empresa entrevista a Juan Rosell, presidente de la CEOE

Día 05/09/2011 - 18.59h

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Su paso es firme. Denota seriedad. Pero en su cara se advierte cierta distensión. Se acerca sonriente. Aún en camisa de manga corta.«Quiero pensar que aún no se ha acabado el verano. Las vacaciones han sido tan cortas que puedo decir que prácticamente no he tenido. Pero la situación no era para menos. Había que estar al pie del cañon». Se muestra, sobre todo, optimista de cara al futuro más inmediato. El último acuerdo de consenso entre los dos grandes partidos políticos le ha llenado de satisfacción.

—El pasado viernes, Gobierno y PP llegaron a un pacto histórico de consenso de cara a reformar la Constitución para añadir el límite de déficit y deuda. ¿Podría ser un paso adelante hacia nuevos acuerdos de consenso?

—Me ha parecido fantástico. Y me hubiera gustado mucho más si no hubieran sido solo los dos grandes partidos los que hubieran llegado a tal consenso. Cuantos más mejor. Ójala sea el primer paso para que el máximo número de partidos del marco parlamentario español empezasen a pactar acuerdos de forma conjunta. Este país lo necesita, tanto para el medio como para el largo plazo, y no tanto para el corto. Para ello se necesitan más consensos políticos y sociales. Tenemos muchas reformas por hacer, tanto si queremos como si no, porque la situación económica que hemos vivido en los últimos años no va a volver. Vamos a pasar unos años de crisis importante, de hecho los estamos pasando. 2007, que fue el último año de esplendor tanto de la economía española como de la mundial, queda muy lejos, empezamos a tener ya muchos años en los que los crecimientos económicos son endebles, como fue en 2010, está siendo en 2011 y seguirá en 2012, y nos hemos olvidado ya de la gran recesión de 2009. Nos tenemos que acostumbrar a este crecimiento y no nos queda otro remedio que hacer reformas estructurales, y quien mejor las haga y más rápido más posibilidades tendrá de afrontar un futuro estable.

—Comienza el nuevo curso político, aunque las vacaciones ni siquiera han cerrado el anterior, ¿qué balance hace de su casi primer año al frente de la patronal?

—Desde mi entrada, el curso ha sido tremendamente intenso. Constantes contactos con políticos y agentes sociales. De esos contactos se ha intentado lograr algún gran pacto, que al final no ha salido, pero no creo que hayamos perdido el tiempo. Sobre la mesa hemos dejado muchos asuntos. De hecho, ha salido un acuerdo muy positivo e importante, el de la reforma de las pensiones, y sobre todo en el momento en el que lo hicimos. Hicimos lo que había que hacer, tanto empresarios como sindicatos.

—Pero con todos los frentes abiertos que hay ¿no echa de menos haber logrado algún acuerdo más?

—Hay que valorar que si bien no ha habido otros grandes acuerdos, sí hemos avanzado en muchos temas, que si bien luego no se plasmaron en acuerdos concretos, hemos logrado acercar posturas, que estaban muy alejadas. Tanto unos como otros estamos viendo lo que se está haciendo en otros países, donde igualmente los agentes sociales acercan posturas, y nos vamos concienciando de que no nos podemos quedar en el inmovilismo y arriesgar un poco más. Eso es lo que estamos pidiendo desde el mundo empresarial, un mundo que por sí mismo es muy arriesgado. Los empresarios somos aventureros, cuando una cosa no funciona, ponemos en marcha otra, y si no funciona, ponemos en marcha otra, hasta que logramos el éxito. Por ello, cuando hacemos, por ejemplo, en materia laboral, planteamientos de nuevos tipos de contratos, proponemos cosas que no tienen por qué ser eternas. Hay que proponer cosas para ver si funcionan. Hay que intentar crear riqueza, y se crea riqueza creando empleo. El empleo del futuro no vendrá de las grandes empresas ni de las grandes corporaciones. Va a venir del pequeño empresario, seguramente de empresas que todavía no han nacido, y tenemos que convencerles para que se crean, con condiciones flexibles que les anime a ello. Ese será el empleo del futuro.

—El tema de los funcionarios es un asunto que siempre conlleva polémica, y cuando le preguntan, parece que sus respuestas dan muchos titulares...

—Lo sé. Pero yo voy a seguir diciendo lo mismo, aunque malinterpreten mis palabras. En España, como en cualquier otro país, hay muchísimos funcionarios y muchos, muy buenos. Especialmente en dos sectores clave de la economía, en Sanidad y en Educación. Hay otros funcionarios, que el problema no es suyo. El problema es que no tienen competencias, porque éstas se han transferido del Estado central a las autonomías. Se han quedado sin trabajo, y por buenos que sean, no tienen nada que hacer. Y cuando esto pasa en el sector privado, pues se pone en evidencia que hay que reestructurar la situación. También digo, aunque siempre se malinterpreta, que creo que es bueno evaluar a los funcionarios y que tendrían que tener una parte de salario fijo, y otra variable, en función de lo que tengan que aportar. Tienen que ser cada vez más parecidos a los trabajadores del sector privado, en todos los aspectos, es decir, en cuanto a pensiones, sanidad, en cuanto a horarios, etcétera. Con las mismas ventajas y los mismos inconvenientes. Ni más, ni menos

—¿Y sobre los políticos?

—Lo he comentado en muchas ocasiones, y también ha sido malinterpretado, pero sigo reafirmándome en mi postura: creo que los políticos españoles deberían ganar más dinero. No es posible que el presidente del Gobierno gane lo que gana. Debería ganar dos o tres veces más. Y los diputados en el Parlamento, también.

—Todo parece indicar que habrá un cambio político en el seno del Gobierno, reforma laboral, negociación colectiva... aún sigue todo patas arriba...

—Ha habido pequeñas pinceladas o avisos de por dónde deben ir cada una de estas reformas, pero han sido insuficientes. Sobre todo en lo que se refiere a la reforma laboral. Vamos a ver si en el futuro somos capaces de convencer tanto a sindicatos como a los partidos políticos de que debemos cambiar de dirección.

—A lo mejor con un nuevo Gobierno...

—No es un problema de cambio de Gobierno, es un problema de cambio de mentalidad de la propia sociedad española. Ahora mismo en nuestra sociedad existen muchos trabajadores con contratos muy distintos. Muchos con contratos indefinidos que están la mar de contentos. Otros, que son los que trabajan en el sector público, de los cuales algunos tienen contratos indefinidos, que son los funcionarios, y otros que no tienen contrato indefinido, que son los temporales... Otro gran grupo son aquellos que tienen contratos temporales fuera de la administración que están con la inseguridad de que les despidan, por ser los de menor coste, otro de los grandes temas que debemos retomar en el futuro. Y luego, por último, tenemos un grupo en comparación enorme, de casi cinco millones de personas, que están en paro. Demasiados grupos, demasiado diferentes, unos con demasiados derechos y otros con muy pocos, por no decir ninguno. Debemos hacer una reflexión social, para ser capaces de entender que hay lo que hay hasta la fecha pero que de cara al futuro hemos de hacer un nuevo marco laboral, donde haya muchas nuevas empresas, que creen puestos de trabajo y riqueza en el futuro. El dato más alarmante en la economía española es que este año se van a crear la mitad de empresas que se crearon hace un par de años. Es un dato muy dramático, y si no recuperamos la ilusión y mentalidad de crear empresas este país lo va a tener muy difícil, y eso se recupera solo con confianza y entorno adecuado.

—En ese futuro de reformas habría que volver a abrir la de la negociación colectiva...

—Sí, la hemos de volver a abrir. Y no digo abrirla en canal y cambiarla radicalmente, porque eso sería un trauma, pero sí debemos ver la legislación que tenemos hasta la fecha, que nace en el Estatuto de los Trabajadores del año 80, y la que debemos tener a partir de ahora. No estoy diciendo ni mucho menos que por ejemplo a los trabajadores actuales con contratos indefinidos se les cercenen los derechos, no, lo que digo es que a partir de ahora debemos entrar en una nueva etapa, radicalmente distinta a la que hemos tenido hasta ahora, en la que debemos buscar otra fórmulas y vías, que van a ser trabajadores distintos, que deberán adaptarse a la nueva realidad laboral. Las empresas nacen, crecen, muchas fallecen, otras triunfan, pero nada es eterno, ni vitalicio en el mundo, y los empleos, tampoco.

—Lo último de lo último en el mundo es la subida de impuestos a los ricos... ¿estaría dispuesta la CEOE a liderar un movimiento entre grandes empresarios, como se hizo con el tema de la competitividad, pidiendo que se suba la fiscalidad para las rentas más altas, como en Francia y Alemania?

—Bueno, una cosa es que lo digan y otra que la hagan. Los italianos también dijeron que lo harían, y luego lo desdeñaron. Nosotros como empresarios lo que decimos siempre es que cuantos menos impuestos mejor. Lo que también decimos, y lo digo yo personalmente siempre, es que los impuestos crean civilización, pero los impuestos llevados a ciertos extremos, y tenemos ejemplos de muchos países como los nórdicos que han dado marcha atrás, asfixian la economía. En ese asunto tenemos que estudiar hasta dónde somos capaces de llegar y hacia dónde tenemos que ir. Una cosa es la presión fiscal y otra cosa es el esfuerzo fiscal, que es lo que se paga en función de lo que se tiene, y creo que esa es la vía que deberíamos tomar.

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