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El niño que cambió la energía solar

Un chico de 13 años inventa un sistema inspirado en la naturaleza que mejora la eficiencia de las células fotovoltaicas

Día 24/08/2011
El niño que cambió la energía solar

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En 1973 el Nobel de química George Porter se quejó del escaso desarrollo de la tecnología para generar energía solar al afirmar que si los rayos del sol pudieran usarse como armas de guerra, habríamos tenido energía solar hace siglos. Actualmente, casi cuatro décadas después, la energía solar sigue sin terminar de despegar. Aunque es una energía con mucho potencial y que se ha postulado como la alternativa a los combustibles fósiles por su limpieza y por proceder de una fuente ilimitada, en los últimos años su producción ha disminuido frente a otras energías renovables como la energía eólica.

Quizá el revulsivo que necesita el sector venga de la mano de un niño de 13 años al que se le ocurrió una forma de organizar las células fotovoltaicas de manera que su generación de energía es mucho más eficiente.

Aidan Dwyer, un estudiante de la ciudad de Nueva York, se fijó mientras hacía senderismo por los bosques de las Catskill Mountains que las ramas de los árboles estaban organizadas en forma de espiral, de tal manera que podían recibir mejor la luz del sol. Según Aidan, «tenía el pálpito de que los árboles guardaban un secreto en su forma».

Secuencia matemática

Esta revelación de la naturaleza despertó la curiosidad de Aidan, quien comenzó una investigación que lo llevó hasta la secuencia Fibonacci, descubierta en 1209 por el matemático italiano Leonardo de Pisa y en la que cada número de la secuencia es el resultado de sumar los dos números anteriores (1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21 hasta el infinito o Fn = Fn-1 + Fn-2). Aidan también investigó el biólogo Charles Bonnet quien había dedicado parte de su carrera a la observación de la filotaxis, la disposición de las ramas y las hojas respecto al tallo; y continuó explorando.

La investigación de Aidan se convirtió en un proyecto para demostrar que las ramas y hojas de los árboles están organizadas según la secuencia Fibonacci. Para ello, construyó paneles solares en los que organizó las células fotovoltaicas siguiendo esa secuencia y cuyo rendimiento en la recolección de energía solar compararía con la de paneles normales. Aidan instaló en el jardín de su casa los paneles solares y sus contadores. Durante tres meses recopiló datos sobre la eficiencia de unos y otros. Los resultados demostraron que las placas creadas por Aidan, organizadas como un árbol, aprovechaban dos horas y media más de luz y creaban un 20% más de energía que las placas tradicionales.

Premiado

Aidan es consciente de que ya existen placas móviles que cambian su orientación según la posición solar, pero estas son más caras y requieren un mantenimiento mayor que las placas fijas. Aún así, espera que su nuevo modelo pueda solventar algunos de los problemas de las placas fijas sin elevar excesivamente los costes.

Con su proyecto, Aidan fue uno de los ganadores de los Premios a los Jóvenes Naturalistas que cada año celebra el Museo Americano de Historia Natural. Como confiesa en el ensayo que presentó al concurso, su investigación ha aclarado algunas de sus dudas originales, pero también ha despertado nuevas incógnitas que está decidido a responder con tal de ayudar a solucionar el que considera el problema científico más urgente: la contaminación y la destrucción de los recursos naturales.

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