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Lección magistral del profesor Ratzinger

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La primera JMJ que incluye un acto con docentes universitarios ofrece material para la reflexión creativa

Día 20/08/2011

El tren, madrugador, partía para El Escorial. Unos mil profesores jóvenes (algunos más jóvenes de espíritu que de edad también tuvimos acomodo) conversaban de Bolonia, de la impartición de créditos ECTs o de las dificultades económicas de nuestras universidades públicas. Había que llegar con mucha antelación; ya se sabe, las imprescindibles medidas de seguridad y una organización que no hubiera mejorado nadie en toda Europa. No importa el madrugón, mucho menos cuando al llegar vemos ya a docenas de voluntarios —que hablan español, alemán, polaco, etc..— haciendo su trabajo, aclarando hasta el último detalle, facilitando el encuentro con el Profesor Ratzinger. Nada menos que en la Basílica de El Escorial, a pocos metros de la biblioteca que en el siglo XVI acaparaba la casi totalidad del conocimiento alcanzado.

«Tú puedes ser el protagonista de la búsqueda de la verdad», había proclamado Benedicto XVI ante más de medio millón de jóvenes el día anterior. Confieso que de todo lo dicho hasta ahora por el Pontífice me quedo con esta frase. Apelación a lo más hondo de cada cual —el Papa escribe para cada uno—, propuesta valiente, racional y profundamente humana. Una verdadera invitación que nos interpela de por vida. El discurso a los profesores fue el desarrollo de la exhortación del día anterior. Como docente en Bonn, en la inmediata posguerra de carencias absolutas, quien hoy lidera la Iglesia universal comenzó a vivir lo que calificó como tarea apasionante, tratar con los colegas de diversas disciplinas y responder a las inquietudes últimas y fundamentales de los alumnos.

La Universidad de hoy ha de ser esa búsqueda, más intensa y más amplia que nunca, más ambiciosa y abierta, al enorme potencial que el saber alcanzado hace posible. Docencia e investigación se alían en una tarea, tan creativa y tan humana, que solo cobra sentido si se enmarca en una búsqueda comprometida de la verdad. El profesor está para «encaminar» al estudiante en el mismo compromiso. Y el Santo Padre invocó la tradición y las enseñanzas recibidas de los maestros. No faltaron la memoria de Alfonso X —«Universidad como ayuntamiento de maestros y escolares con voluntad de aprender los saberes»— ni la de Platón —«Busca la verdad mientras eres joven»—. Y señaló: «¿Por qué no hacerlo si es así?, que fue la Iglesia quien promoviera la institución universitaria, pues la fe cristiana nos habla de Cristo como el Logos por quien todo fue hecho.

Remató el Papa su intervención con una bellísima alusión al camino hacia la verdad completa, como conjunción entre la inteligencia y el amor, entre la razón y la fe. Sin olvidar que no podemos poseer la verdad del todo, por lo que la humildad será también virtud indispensable. Desde la fe compartida, señaló a Cristo, en cuyo rostro resplandece la Verdad que nos ilumina. La primera JMJ que incluye un acto con profesores universitarios proporcionó material para la reflexión creativa, además de un enorme gozo de quienes comparten no solo una profesión apasionante, sino un proyecto de vida.

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