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El líder del PP, Mariano Rajoy, auguró ayer, a su paso por la localidad orensana de Carballiño, una reforma estructural del sistema político en España, en la que será una legislatura extraordinariamente difícil para el Gobierno que salga elegido de las urnas el próximo 20-M.
El presidente del PP esbozó las «reformas estructurales» que pretende llevar a cabo en la Administración, a todos sus niveles. Así, propuso cuatro líneas de trabajo que pondrá en marcha si llega a la Moncloa: evitar la duplicidad de competencias entre distintas administraciones; establecer por ley un techo de gasto en todos los escalones del armazón institucional; no aumentar el número de funcionarios en ninguno de sus niveles; y «suprimir muchos organismos autónomos, muchos entes públicos, y muchos entes públicos fundacionales, algo que en algunas comunidades autónomas ya se ha empezado a hacer». «Creo que eso es trabajar en la buena dirección», decía.
Como corolario, abogó por evitar el exceso de burocratización: «La simplificación es algo capital: no puede ser que cualquier contribuyente vaya a la administración y las cosas queden sin resolver y estén ahí por tiempo inmemorial». Al mismo tiempo, comprometió su apoyo firme y decidido «a las pequeñas y medianas empresas y a los autónomos».
La solución «pasa por las urnas»
«Lo que viene no es fácil, porque la herencia que recibe el nuevo Gobierno es la peor que se haya encontrado ningún Gobierno en la historia de la democracia española», avanzaba ayer el presidente popular, que centró en el impulso de la actividad económica y la creación de empleo los dos objetivos básicos de su equipo de Gobierno, si se cumplen las encuestas y recala en La Moncloa tras las elecciones. El líder popular reiteró su «total confianza» en la capacidad de Españapara salir del atolladero financiero y de crecimiento en que se encuentra actualmente, pero avanzó que «no será fácil» y que por el camino habrán de realizarse numerosos sacrificios. «Las cosas se han hecho rematadamente mal. Se han puesto en marcha medidas aisladas que se rectificaron luego con otras medidas diferentes. No estamos para protestar, ni para asustarnos, ni para llorar. España va a salir adelante», apostillaba. Como paso previo, Rajoy insistió en que la solución «pasa por las urnas», de ahí que reclamase ayer nuevamente que se inicie cuanto antes un nuevo ciclo, con un nuevo calendario electoral que permita «poner a España en marcha» con urgencia y que el Gobierno entrante pueda elaborar los Presupuestos de 2012. «No estamos para perder tiempo», advertía.
En la senda hacia la recuperación, insistió Rajoy en que será fundamental que se «impulse la actividad» y se «imprima confianza a la inversión». Otra cuestión clave para el líder del PP será el apoyo a los «emprendedores» como eje de futuro. También recalcó que si bien España tiene «los mismos problemas que Italia», incluido «las dudas sobre la deuda», existe una brecha diferencial entre ambos países: el mayor nivel de paro de toda la UE, «un problema todavía mayor», con un «dramático» paro juvenil del 45%. Por ello, apostó por evitar las comparaciones y aseguró que sus medidas «no tendrán que ver» con las adoptadas recientemente por Berlusconi en Italia. En este punto, no quiso entrar a valorar las medidas puestas en práctica en el país transalpino, como una subida de impuestos.
Durante su visita a la cuadragésimo novena edición de la Fiesta del Pulpo, que este año se solidarizó con los afectados por la «crisis del pepino» generada en Alemania, Rajoy expresó con rotundidad que «se debió de haber defendido el interés de España» y aprovechó para lanzar un guiño al sector primario de cara a las elecciones. Si en las elecciones los españoles dan su confianza al PP, recuperará el Ministerio de Agricultura, «que nunca debió de desaparecer».



