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Sin tiempo ni para digerir la final de Montreal, la gira americana avanza mil kilómetros hacia el sur. Cada vez más cerca de Nueva York. Cada vez más cerca del último Grand Slam. Ya en terreno estadounidense, Cincinnati abrió sus puertas ayer a los partidos de la fase previa del séptimo Masters 1000 del año. Última oportunidad para Rafa Nadal de afinar sus cuerdas y dejarlas a punto para que la melodía de la victoria le acerque más al número 1 y encare el Open de Estados Unidos libre de dudas.
Llegó a Cincinnati con el gesto levemente torcido, pero las risas que dedicó en sus entrenamientos presagian una vuelta a la normalidad tras la despedida por la vía rápida que Dodig le obligó a hacer en Canadá. Nada grave. Nada sobrenatural. Ninguna alarma. Solo certificó que Nadal también es humano y que lo extraño es lo otro, la supuesta imbatibilidad que atesora en sus músculos, inherente a su figura, que le acompaña desde siempre y a la que ha acostumbrado a sus seguidores.
La última vez que perdió en su partido de debut se resarció de lo lindo ganado los seis títulos siguientes. Si todas las derrotas las paga de esta manera, no hay nada que temer.
Pero ahora toca volver a centrarse y mirar solo hacia delante. Y si hay que volver la cabeza, que sea solo para corregir errores, no para lamentar la oportunidad perdida. Aunque el Masters 1000 de Cincinnati todavía se le resiste, no siente ninguna presión por ganarlo. «No hay ninguna obligación en jugar al cien por cien en cada semana y estar en todas las finales. Por supuesto es lo que intento, pero no siempre es posible», declaró a la prensa tras un entrenamiento en Cincinnati.
Paso a paso
Más que la temprana derrota, lo que realmente pesa sobre los hombros de Nadal son las cinco finales perdidas. Y sobre todo, que todas hayan sido contra el mismo rival. «Este año es fantástico, aunque un poco más duro que otros. Estoy jugando bien, pero he perdido cinco finales». Dicho en palabras todavía parece hacerse más real, ser más doloroso.
Sin embargo, tiene en su zurda la solución al problema, en su raqueta los acordes necesarios y en su cabeza las clavijas adecuadas para que la partitura no desentone y ponga en pie a su público. Ante él solo hay buenos objetivos que cumplir para llegar con las mejores garantías a Flushing Meadows, pero hay que ir día a día, sin mirar más allá del siguiente partido.
El primero puede enfrentarle a un español, Guillermo García-López, si éste consigue superar a un jugador de la previa esta madrugada. El reto tiene pocos antecedentes —tres—, y el último recuerdo entre ellos fue favorable al 38 del mundo. Cemento, Bangkok, 2010, semifinales. 2-6, 7-6 (3), 6-3.
Otro español, Fernando Verdasco, se puede unir a la fiesta si vence al brasileño Thomaz Bellucci. Y a partir de ahí, Nadal tendría unos posibles cuartos con Mardy Fish, quien viene de disputar la final de Montreal ante Novak Djokovic. El norteamericano, a pesar de caer contra España en la Copa Davis tiene mucho tenis en su raqueta. Tres finales consecutivas desde entonces con un juego potente y seguro en cada golpe, que le hacen peligroso porque su confianza también parece haber encontrado su sitio.
Sin adjetivos
Su contrincante en la final, Novak Djokovic, firma todos sus partidos por victorias en lo que va de año, —salvo la semifinal de Roland Garros—. No obstante, su raqueta dirige la orquesta de la ATP y el serbio sigue atesorando títulos y finales, y ya van nueve en esta temporada mágica que ya se ha quedado sin adjetivos para definirla. Por su lado del cuadro Monfils y Roddick parecen los mayores problemas, y Roger Federer se vislumbra en el horizonte de las semifinales. Si bien antes, el suizo deberá superar un interesante primer partido contra Juan Martín del Potro, ya que su rival, Andreas Seppi, se retiró cuando perdía 4-1.
David Ferrer, ausente en Canadá, se presenta como cabeza de serie número 5 y con la posibilidad de una semifinal contra Rafa Nadal en el horizonte. Pero antes solo está a una victoria de regresar al top cinco; Dimitrov puede será su víctima.
A Cincinnati también acudirá Serena Williams con su título de Toronto bajo el brazo. La estadounidense venció a Sam Stosur por 6-4 y 6-2 y ya lleva dos torneos consecutivos.





