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La amistad prohibida de una israelí y una libanesa

Dos jóvenes se reencuentran en España ya que en sus respectivos países la comunicación entre ellas no está permitida

Día 12/08/2011 - 06.02h

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En el mundo hay países que se llevan realmente mal. Ya sea por motivos históricos, económicos o estratégicos, la tensión entre estos estados late constantemente; tensión que se ve incrementada cuando los países comparten fronteras. Una de las zonas más candentes del planeta es, sin lugar a dudas, Oriente Próximo. El conflicto entre Israel y Palestina se extrapola al resto de países árabes de la zona, algunos de los cuales, como Siria y Líbano, ni siquiera reconocen a Israel como Estado. El más que habitual fuego cruzado en los puestos fronterizos del país del cedro entre las fuerzas de seguridad israelíes y libanesas, así como la reciente guerra de 2006, demuestran la poca simpatía entre ellos.

Pero, ¿qué pasa con sus ciudadanos? La lógica histórica nos puede llevar a pensar que israelíes y libaneses se llevan igual de mal que sus respectivos gobernantes; que el odio que pueden sentir es inherente a sus orígenes. Lo cierto es que el Líbano prohíbe a sus nacionales tener contacto alguno con cualquier persona en Israel; sin embargo, existen historias que desmontan esta creencia.

Es el caso de Noor y Noa (nombres figurados) dos jóvenes amigas que se conocieron en el extranjero, en un programa de estudios internacionales con alumnos de más de 80 países diferentes. Ninguna de las dos había tenido contacto antes con ninguna persona del país vecino y, sin embargo, de entre todos los compañeros con nacionalidades tan variadas, una libanesa y una israelí acabaron por convertirse en mejores amigas.

Noor y Noa se conocieron en un debate celebrado a raíz de la operación «Plomo Fundido», la ofensiva militar israelí contra Gaza a finales de 2008. «Los estudiantes árabes estaban sentados en un lado, los israelíes en otro, y estaban enzarzados en una fuerte discusión, en lugar de proponer soluciones razonables», cuenta Noa. «Entonces yo levanté la mano y dije algo diferente al resto de israelíes. Al acabar el debate, los grupos estaban cada vez más diferenciados y yo preferí mantenerme al margen, porque me sentía muy incómoda. Fue entonces cuando Noor se acercó, rodeada de árabes que la miraban como pensando: ¿Qué haces? ¿Por qué vas con ella?, y me dijo que estaba de acuerdo con las cosas que yo había dicho en el debate. Me di cuenta de que era un chica que probablemente mereciera la pena. Después, y sin darnos cuenta, estábamos tomando un café y cotilleando».

Poco a poco las amigas se fueron encontrando con multitud de similitudes culturales. «Por eso Noa y yo nos llevamos tan bien; tenemos muchas cosas en común» resalta Noor. Además, se dieron cuenta de la pasión que despiertan las capitales de sus respectivos países en la gente de su edad. «Tel Aviv es una ciudad moderna y europeizada, que es lo que nos gusta a los jóvenes del Líbano. No importa cuál sea tu ideología, ni si te parece horrible o la amas en secreto; Tel Aviv es una ciudad grande que está ahí al lado» reconoce la libanesa. Algo parecido pasa con Beirut. «En Israel existe una verdadera “cultura de viajar”; no te imaginas las veces que Beirut sale en las conversaciones de la gente joven en Israel» explica Noa.

Un momento histórico

La amistad de estas dos jóvenes consiguió algo que podría parecer imposible: juntar en una misma mesa a una familia israelí, una libanesa y una palestina. «El día de nuestra graduación cenamos con nuestros padres y los padres de una compañera palestina. Me acuerdo de que se levantaron y dijeron: “este es nuestro momento histórico, nos hemos reunido gracias a nuestras hijas”. Fue alucinante verlos así, juntos, después de tantas guerras» dice Noor algo emocionada.

Las chicas, que han venido a España para poder verse, aseguran hablar de temas políticos sin problemas. «Pero sólo cuando nos encontramos en algún lugar del mundo, nunca por e-mail ni Facebook», señala Noa. Y es que, cuando están en sus respectivos países, la comunicación entre ellas es imposible. «No podemos hablar. No nos lo permiten. Es muy duro no poder hacerlo cuando estamos tan cerca; vivo a 5 horas de ella en coche», se lamenta Noor. «Pero lo importante es que podamos seguir viéndonos en otros países», continúa.

La tensión entre sus estados en estos momentos está en uno de sus picos más altos. «Creo que ahora las cosas están difíciles porque en ningún caso gobierna un partido moderado. Es complicado saber si el futuro será diferente porque, aunque los signos políticos cambiasen, también tienen que cambiar las sociedades, cada una con un pasado histórico concreto», explica Noor. Noa también es consciente de los obstáculos, pero no pierde la esperanza: «Espero que la situación se suavice algún día. Hay mucho potencial y sería beneficioso para ambos países si al final se decidiesen a cooperar».

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