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La región más pobre del mundo

Somalia no es un caso puntual. Los países subsaharianos son desde hace muchos años los que peores índices registran

Día 31/07/2011 - 11.53h

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Un bebé recién nacido en Zimbabue tiene posibilidades de vivir, de media, hasta los 47 años. A un niño nigeriano le esperan tan sólo 1,4 años de instrucción. El ingreso per cápita de Congo es de 291 dólares al año. Son los tres países peor situados en el más reciente informe del índice de desarrollo humano que elabora anualmente Naciones Unidas. Y de Somalia y Eritrea ni siquiera hay datos. De los 44 países más pobres del mundo, 38 pertenecen a África Subsahariana. ¿Qué sucede con esta región? ¿Por qué no ha logrado rebajar los niveles de pobreza como sí lo han hecho Asia o Iberoamérica en las últimas décadas? «Guerras, corrupción, fuga de cerebros, deuda externa...La respuesta es muy compleja», comenta Mbuyi Kabunda, profesor del Instituto Internacional de Derechos Humanos de Estrasburgo y catedrático de Relaciones Internacionales y Estudios Africanos en la Universidad Autónoma de Madrid.

La ONU aprobó en el año 2000 los Objetivos del Milenio para el Desarrollo: reducir a la mitad el número de personas que viven con menos de un dólar al día por medio de la disminución de la deuda de los países pobres, universalizar la educación primaria, promover la igualdad de sexos, reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el sida, garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y fomentar una asociación mundial para el desarrollo. Sin embargo, la realidad en África Subsahariana es que el número de personas que viven con menos de un dólar al día ha aumentado de 242 millones en 1990 a 300 millones en 2000 y alcanzará, según las estimaciones, los 345 millones en 2015. De los 2,8 millones de personas que mueren de sida y paludismo anualmente, el 80% corresponde a esta zona.

En definitiva: solo 5 de los 53 países africanos estarían en condiciones de alcanzar los Objetivos del Milenio: Sudáfrica, Botswana, Mauricio, Seychelles y Namibia. Todos países que, según Alicia Campos Serrano, investigadora del Centro de Estudios Africanos, «tienen gobiernos más representativos de sus poblaciones, y tienen políticas sociales más o menos coherentes.»

Y es que uno de los grandes problemas de la región son justamente los gobiernos. Mbuyi Kabunda no duda en afirmar que el gran cáncer de África son los gobernantes, cuya fama de corruptos es bien merecida. «Los dos únicos que han querido dar un cambio en este sentido —el primer ministro de Congo, Patricio Lumumba, y el ex presidente de Burkina Faso, Thomas Sankara—, han sido asesinados». La fuga de capitales como producto de los paraísos fiscales también es otro punto en contra, y «es alimentado por los propios dirigentes».

Un contexto difícil

No toda la culpa es de la corrupción. «Otro problema —subraya Kabunda— que ha impedido combatir la pobreza han sido los acuerdos injustos en materia de comercio internacional». Sanou Mbaye, ex directivo del Banco Africano de Desarrollo y especialista en economía africana, parece estar de acuerdo. En su libro «África al Socorro de África», explica que «ninguno de los países de África Negra excepto Sudáfrica y Zimbawe, —administrados por gobiernos de minoría blanca— estaba autorizado a captar fondos en los mercados de capitales internacionales al principio de sus independencias, en los años 60, porque se les consideraba insolventes por las agencias internacionales de calificación financiera». Esta posibilidad les habría permitido endeudarse directamente y establecer la política de desarrollo que les pareciera adecuada. A falta de esa alternativa, estos países no tenían más remedio que «subcontratar» su desarrollo con el FMI y el Banco Mundial que, de acuerdo con Mbaye, están muy influenciados por los intereses de las grandes potencias.

África es principalmente un productor y exportador de materias primas agrícolas. Se suponía que, con los ingresos resultantes de la exportación y el compromiso de los países más desarrollados a comprarles, la región estaría en condiciones de prosperar. Pero esto no ha ocurrido. «Los precios agrícolas mundiales no han dejado de caer desde mediados de los años setenta. Y por el contrario, los costes de las importaciones de la región crecieron», explica Mbaye.

Pero África no se vacía solamente de materias primas. Se vacía también de fondos. El pago de intereses de las deudas contraídas, la adjudicación a empresas extranjeras de casi la totalidad de los contratos —financiados por estas deudas—, la libre transferencia de los beneficios obtenidos y la tendencia de las elites a exiliar sus capitales son algunas causas que explican la fuga de capitales.

Y en vista de las crisis políticas y económicas, los conflictos armados y las violaciones a los derechos humanos, anualmente cerca de 23.000 universitarios y 50.000 profesionales licenciados emigran fuera del continente africano, de acuerdo con cifras de la Organización Internacional para las Migraciones.

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