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La ex consejera delegada de News International, Rebekah Brooks, se convirtió ayer en la décima persona detenida desde abril por el escándalo de las escuchas, que vuelve a visitar —orden de arresto en mano— a sus protagonistas casi una década después. Brooks, una de las colaboradoras más cercanas a Rupert Murdoch, fue informada este viernes, el día en que dimitió de su cargo, de que debería visitar a la Policía el domingo. Y cuando se presentó ayer al mediodía en una comisaría londinense descubrió «por sorpresa», según explicó ayer su portavoz, que la visita incluía una orden de detención por un posible delito de «conspiración para interceptar comunicaciones» y «corrupción». Brooks se encuentra ya en libertad bajo fianza tras ser interrogada durante más de doce horas.
Scotland Yard, que hasta enero de este año fue todo menos diligente y contundente ante un abanico tan amplio de posibles delitos, parece estar decidida a peinar todos los ánguslos del escándalo bajo la dirección de Sue Akers, la comisaria al mando de la llamada operación Weeting, una energética oficial no contaminada por el caso como su jefe, Sir Paul Stephenson, el máximo responsable de la policía metropolitana que ayer presentó la dimisión.
«The Sunday Telegraph» profundizó en la rama policial de este entramado de relaciones peligrosas al divulgar que Stephenson aceptó hasta 14 invitaciones para alojarse en un retiro rural de una firma de relaciones públicas asociada a Neil Wallis, ex director de «News of the World» detenido el pasado jueves, que fue contratado como consultor de comunicación por el jefe de Scotland Yard en 2009
Por otro lado, ayer, una fuente policial citada por este dominical explicaba que James Murdoch, hijo del magnate australiano y máximo responsable del negocio europeo de su compañía, estaba siendo investigado por un posible intento de tapar unas escuchas «de escala industrial». El círculo parece cerrarse en torno a la cúspide del gran emporio mediático levantado por esta familia australiana, una caída a los infiernos que podría ofrecer la estampa de la humillación de un otrora temido e imbatible empresario, el próximo martes, cuando el octogenario presidente de News Corp. comparezca con su hijo y Brooks ante el Parlamento. «Las aguas están salpicando ya en los tobillos de los Murdoch», dijo ayer el diputado laborista Chris Bryant, uno de los políticos más activos con el caso.
La detención de Brooks en domingo es «inusual», como reconoció ayer el propio Bryant, y lleva a algunos diputados a sospechar de que podría ser una maniobra para evitar la comparecencia parlamentaria de la ex directora de «News of the World»: «Me hace preguntarme si no estamos ante una treta para evitar responder a las preguntas en los Comunes», dijo el diputado laborista. El presidente de la comisión ante la que comparecerán, el conservador John Whittingdale, también expresó ayer una preocupación similar porque el arresto de Brooks pueda impedir que acuda al Parlamento.
Ante la incomodidad de Cameron, que ha visto cómo en dos semanas eran arrestados por la Policía dos amigos suyos, Brooks y Andy Coulson, sucesor de Brooks en la dirección de «News of the World» y portavoz del primer ministro hasta enero, ayer laboristas y liberales coincidieron en pedir límites a la concentración de la propiedad de los medios.
El líder de la oposición, Ed Milliband, pidió un acuerdo entre todos los partidos para adoptar una nueva ley que regule las normas de adquisición en el mercado de los medios y que permita limitar las propiedades de Murdoch en Reino Unido. «Tiene demasiado poder sobre la vida británica», dijo Milliband en una entrevista en «The Observer». «No es sano que una persona tenga el 20% del mercado de la prensa, la plataforma Sky y Sky News», dijo Milliband.
Sus propuestas fueron recogidas de inmediato por Nick Clegg, viceprimer ministro y líder liberal, que ha optado por alejarse del escándalo y distanciarse de un Cameron cada vez más afectado por el virus Murdoch. «Debemos revisar las normas sobre pluralidad para asegurarnos de que tenemos una pluralidad adecuada en la prensa británica», dijo Clegg en una entrevista en la BBC. Con su dominical más leído cerrado, varios de sus colaboradores más importantes dimitidos o bajo arresto y una creciente discordia entre sus hijos por la sensación de caída al vacío, Murdoch podría enfrentarse además a una ofensiva legal contra su imperio privado.







