En Vídeo
En imágenes
Iron Maiden es una de esas bandas que hay que ver en directo alguna vez en la vida. Sí o sí. Está todo perfectamente ensayado, estudiado cada movimiento, previsto hasta el último detalle. La gran banda de heavy metal condujo a su legión de más de 40.000 personas al éxtasis en el segundo día del Festival Sonisphere, que cerró su segunda edición este sábado en Getafe (Madrid) con éxito de público en un recinto que, pese a las quejas de muchos asistentes por las grandes colas que se formaban en los puestos de venta de bebidas y comida -las reservas de agua se agotaron en varias de las barras-, estuvo abarrotado hasta los topes.
Y eso que el terreno no era el más adecuado para el ejercicio de brincos y saltos, ya que que se levantaba una molesta polvareda y, a la mayoría -los precavidos se llevaron mascarillas- mocos negros al día siguiente. En ese contexto a veces es difícil disfrutar al 100% de un concierto de estas características, pero la «Doncella» no se andó con riesgos y cumplió el guión, aunque hay cosas como los vacíos de sonido que se producían en ocasiones que son impredecibles.
Tras pasar por las pantallas gigantes un vídeo introductorio saltaron a escena con «The final frontier» y «El dorado» para continuar con «2 Minutes To Midnight», un clasicazo de los que retumban los oídos. Un repertorio cargado de 5 temas que recorrió su último trabajo. Un concierto redondo, más propio de giras individuales que de un festival, gracias a canciones como «Dance of death» o «The wicker man», que volvieron a demostrar que Iron Maiden está en plena forma.
Y evidenciaron que se lo pasan maravillosamente bien encima del escenario. Y eso se nota. Y se contagia. Restos de naves espaciales, fondos estrellados y un Eddie -la mascota de la banda- de tamaño gigante decoraron un escenario por el que el cantante Bruce Dickinson no dejó de dar saltos, de animar y trepar en todo momento, y más cuando recurrieron a sus temas de siempre como «The trooper», «Fear of the dark» o «Running free», con la que se despidieron tras hora y media de brillante directo.
A la espera de que saliera la esperada gran banda de heavy metal, la cuestión era comprar el progresivo directo de Dream Theater o aprovechar para descansar un poco sentado antes de preparar el plato fuerte. Ambicioso hard rock progresivo, con uno de los grandes guitarristas de la historia como es John Petrucci.
Pero el día, pese al intenso calor, comenzó explosivo, con los suecos Hammerfall golpeando el escenario con temas de heavy metal muy clásico como «Hearts on fire» o «Let the hammer fall». A su término, apareció el atronador sonido de los americanos Mastodon, con un metal progresivo solo apto para paladares exquisitos y un tanto áspero para el aficionado medio. Llegaron tras ellos los finlandeses Apocalyptica, que fueron intercalando temas de la casa con sus habituales versiones de Metallica. Sus violonchelos sorprendieron al mostrar la soltura con la que los interpretan.
De Iron Maiden se pasó directamente, tras un desesperante parón, a Twisted Sister, que sacaron «Burn in hell» o sus clásicos que desafían a la memoria como «Huevos con aceite...» … es decir, «We're not gonna take it», «The price» o «I wanna rock». Con buen sabor de boca después de casi diez horas, los maduritos Uriah Heep -Bernie Shaw tiene ya 56 añitos-, que tenían la imposible tarea de llenar el hueco que dejó Alice Cooper y retenter a los cansados asistentes, convencieron a la «trupe» que decidió continuar con temas como «Easy livin». Finalmente, los italianos Lacuna Coil cerró el festival con aplaudidos temas temas como «Spellbound» o «Our truth».







