Economía

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Los rescates no lograron aplacar la voracidad de los mercados

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El coste de la deuda de los tres países que recibieron ayuda financiera sigue batiendo récords

Día 13/07/2011

¿Es el rescate financiero la solución a los males macroeconómicos de los países periféricos o un simple placebo para camuflar su sangría y calmar temporalmente la ansiedad devoradora de los mercados? La experiencia de las operaciones de salvamento urgente aplicadas a Grecia, Irlanda y Portugal apuntan a la segunda teoría. Poco parece haber cambiado en los tres países desde que el cerco de las dudas se estrechara hasta provocar su asfixia. Sin ajustes firmes y consensuados entre todas las fuerzas políticas y sociales, cualquier gesto o gasto es pólvora mojada, un guiño fútil convertido en tic nervioso, la carta marcada de una baraja perdedora. La indefinición de una actuación común europea hace el resto.

El mejor ejemplo es Grecia. Cuando el 2 de mayo de 2010 la UE y el FMI confirmaron oficialmente que apoyarían a Atenas con 110.000 millones en tres años, el diferencial de la deuda helena a diez años con el bono alemán se sitúaba en torno a los 970 puntos básicos. Catorce meses después, supera los 1.400 puntos (llegó a franquear los 1.500 en junio), y el país se debate entre las brasas de un segundo rescate que limitará al mínimo su autonomía económica o el fuego de la tragedia de una bancarrota de consecuencias incalculables para toda la zona euro.

En apenas dos días, Dublín negó al menos tres veces la necesidad de ayuda, pero el 23 de noviembre de 2010 tuvo que rendirse a la evidencia de unos mercados que no paraban de meter el dedo en la llaga. Cuando la UE anunciaba que Irlanda recibiría 85.000 millones para reestructurar su banca y sanear las cuentas públicas el diferencial de su deuda se movía en torno a los 580 puntos básicos. No se puede decir que el panorama pinte ahora precisamente mejor. El 6 de julio la prima de riesgo se disparó por primera vez en la historia por encima de los 1.000 puntos básicos, y ayer la escalada se cerró en 1.063.

El remedio financiero de Bruselas y el FMI tampoco parece haber acabado con los males de la deuda de Portugal. El 6 de abril Lisboa solicitó oficialmente una ayuda que finalmente se formalizó en 78.000 millones. Por entonces, el bono luso a diez años se movía en la barrera de los 540 puntos básicos. Ayer, al cierre de la sesión bursátil, superaba los 1070. Todo ha cambiado en la periferia, pero para ir a peor.

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