Hasta finales de 2009, poca gente en Europa estaba interesada por la economía griega. Y mucho menos por su sector público, la verdadera manzana podrida de la economía helena. Hasta prácticamente ayer mismo, Grecia a los ojos del mundo, en apariencia, era una nación mediterránea pequeña, con un importante patrimonio cultural y unas playas preciosas. Y tras años de pobreza y una dictadura de siete años (1967-1974) consiguió en 1981 «colarse» en el entonces Mercado Común, si bien ya entonces en Bruselas se sabía que se la aceptaba por razones políticas más que económicas.
Ese mismo año el carismático Andreas Papandreu, que encabezaba el movimiento socialista conocido como Pasok, obtuvo un gran triunfo electoral. Fue cuando comenzó el crecimiento agigantado del sector público griego, que continuó durante muchos años. Las cifras así los demuestran: de 282.000 funcionarios en 1976, se ha llegado a los 780.000 a cierre de 2010, mientras que en el sector privado, en el mismo periodo de tiempo, se pasó de 2.980.000 a 3.660.000 de ocupados a principios del 2010.
Grecia era vista como un pequeño país monumental. Ahora, como una amenaza
El fantasma de la corrupción no ha dejado nunca de volar sobre tierras helenas. Políticos y personas cercanas al poder conseguían trabajos para otros cuyas familias votarían al diputado o partido pertinente, los medios de comunicación conseguían préstamos bancarios por orden de un político determinado para mostrarse más favorables a tal o cual partido con el objetivo de conseguir a cambio ayuda estatal para sus fondos de pensiones o similar...
Pero nadie hacía nada. No interesaba ni a los mercados internacionales ni al resto de Europa. Grecia comenzaba a endeudarse seriamente, pero lo sabía poca gente. Ni se hablaba de ello ni los expertos en Bruselas estaban informados. Las estadísticas mostraban figuras tan maquilladas que no había inquietud.
Abrir los ojos
Hasta que a principios de 2009 el entonces primer ministro conservador Costas Karamanlis comprendió que la situación era gravísima. No pudo o no supo desde su victoria electoral en 2004 —meses antes de los Juegos Olímpicos—, empezar a recortar gastos y volver así más eficaz el sector público. Ni tampoco pudo mejorar el sistema fiscal, en el que los empleados no se salvan de pagar impuestos pero sí los griegos más ricos. Ni controlar la corrupción, ni la economía sumergida... Las elecciones de octubre de ese año dieron una victoria aplastante a Yorgos Papandreu, diputado y ex ministro, hijo del propio Andreas.
El fantasma de la corrupción nunca ha dejado de volar sobre Grecia desde hace años
Las cifras, al descubierto
Lo bueno de las crisis es que se destapan muchas cosas. Entre ellas, que el presidente de la República cobra... más que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama. El sueldo bruto anual de Obama es de 395.188 dolares brutos (unos 282.000 euros). El del presidente griego es mensualmente cuatro veces el de un diputado (7.000 euros aproximadamente), es decir, 28.000 brutas al mes que se convierten en 22.000 al mes deducido el 20% de impuestos, más de un tercio de dicho sueldo sin retenciones para gastos de representación (9.300). Este sueldo se ha reducido un 12% debido a los recortes del sector público, con lo que en total su sueldo es de 360.000 euros al año.
Pero, el caso griego, ¿es excepcional en Europa? ¿Es solamente un descontrol total por el sector público? ¿Qué características económicas tiene el que ha sido el primer país en necesitar ayuda del resto de los socios europeos? La más que peculiar situación de la economía de Grecia viene de lejos. Su singularidad la encontramos en que es un país pobre y pequeño, en el que, ciertamente, el Estado lleva muchos años gastando más de lo que ingresa, y en el que una parte importante del sector privado vivía hasta ahora de ofrecer y cobrar, de forma casi exclusiva, servicios al Estado. Y no sólo a los ministerios, sino también a empresas estatales, del sector de la sanidad, de la educación, de la administración local… Un auténtico sinsentido del que los políticos nunca han hablado.
Y es que, ya desde los años ochenta, muchos funcionarios eran elegidos a dedo, por un sofisticado sistema de recomendaciones. Los griegos siguen considerando que su inteligencia y agudeza se demuestra evitando pagar impuestos, ya que no existe una ética fiscal en el país. Y la contradicción de las familias griegas es que consideran que sus hijos se merecen trabajar para el Estado, para tener trabajo de por vida sin dar mucho golpe.
El evadir capital es algo muy generalizado entre las familias con más posibles del país. La corrupción, a todos los niveles, es un hecho. Así y todo, el sistema aguantó mientras el crecimiento económico era saludable, alrededor del 3%, y también mientras crecía la economía sumergida (se calcula que todavía equivale a un 30% del PIB a cierre de 2010).
Origen de la crisis
Ya en el detallado informe del ejercicio 2009 del Banco de Grecia, se destacaba que la profunda crisis griega no se originó con la crisis global de 2008, sino anteriormente. Y el informe señalaba que era debido a los enormes déficit fiscal y deuda pública así como al continuo deterioro de su posición competitiva. Traducido para quienes no entienden de términos económicos, a causa del despilfarro en el gasto público, acompañado de una mala política fiscal (pocos ingresos ) y una escasa productividad (debido al elevado coste laboral, burocracia, restricciones en el entorno empresarial) .
Desde 2001, Eurostat se acostumbró a la falta de rigor de las cifras griegas
Y es que a pesar de que el Eurostat, la Oficina Europea de Estadísticas, que a pesar de todo estaba acostumbrada a la falta de rigor de las cifras griegas (desde el año 2001, cuando Grecia consiguió entrar en la Zona Euro), los últimos datos, ya metidos en crisis, conmocionaron a Bruselas. Papandreu se comprometió entonces a luchar para reducir los gastos del sector público, eliminar la corrupción, mejorar la recaudación de impuestos y crear un nuevo organismo independiente de estadisticas.
Pero no fue hasta principios del año pasado cuando el Ministerio de Finanzas confesaba que no conocía el número exacto de funcionarios y empleados estatales. Tras meses de investigación, se llegó al número siguiente: al menos 780.000 sin contar con los empleados en empresas estatales y otros organismos ( que podrían llegar a otros 200.000) en un país que no llega a los doce millones de habitantes, con una población activa cercana a los cinco millones. Nada menos que uno de cada cinco trabajadores pagado por el Estado heleno.
Y vendrán peores noticias...
La economía continuará contrayéndose este año entre el 3,8 y el 4% y no permanecerá en el 3,5%, que es la cifra proyectada para este año. Ya en marzo de este año el paro alcanzó el 16,2%, una cifra inaudita en Grecia.
Los datos preliminares del Ministerio de Finanzas presentados para el periodo enero-mayo 2011 muestran que el deficit alcanza los 10.275 millones de euros comparados con los 9.072 millones prespuestados para el 2011. Durante este mismo periodo, el deficit Presupuestario estatal alcanzó los 9.100 millones de euros. Se estima que el gasto estatal será superior este año al presupuestado, a pesar del programa de austeridad vigente. El Estado continua teniendo problemas con la recaudación de impuestos y se han detectado y llevado a los tribunales a inspectores de Hacienda y a empleados tanto de oficinas de Hacienda como de gerencias de Urbanismo, acusados de flagrante corrupción. Las privatizaciones previstas para este año son sólo teóricas; se espera conseguir la cantidad de 7.000 millones de euros gracias a 23 proyectos de privatización. Pero ni siquiera existe aún la Agencia de Privatización que entrará en vigor en septiembre.
...en espera del antídoto contra la bancarrota
La montaña rusa en la que está montada la economía helena está removiendo los mismísimos cimientos de la moneda única. Esta misma semana, los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete prometieron a Grecia un segundo rescate, que ascenderá a alrededor de 100.000 millones de euros si su parlamento aprueba la semana que viene el plan de ajuste y privatizaciones pactado con la UE y el FMI. Una votación positiva del plan de ajuste permitirá además desbloquear en julio la ayuda de emergencia de 12.000 millones de euros que el Gobierno de Atenas necesita para no suspender pagos en verano.
La Eurozona desbloqueará 12.000 millones de ayuda si hay ajustes
¿Cómo se financiará el segundo rescate? El segundo rescate se financiará «con fondos tanto públicos como privados». En este sentido, los jefes de Estado y de Gobierno reclaman la participación de la banca privada «en forma de una renovación informal y voluntaria de los bonos griegos que venzan» para lograr una «reducción sustancial» de la aportación pública, evitando al mismo tiempo un «impago selectivo».
El segundo plan de rescate es una de las condiciones que exige el FMI para desbloquear su parte (3.300 millones de euros) de la ayuda de emergencia para julio. Si el parlamento griego aprueba el plan de ajuste la semana que viene, los ministros de Economía de la eurozona desbloquearán los 12.000 millones en la reunión extraordinaria convocada para el 3 de julio.
Como aseguró hace unos días el vicepresidente de la Comisión Europea y comisario de la Competencia, Joaquín Almunia, ayudar de nuevo a Grecia es «una conclusión lógica». La Unión Europea acudirá a su rescate y «se van a tomar medidas porque que no hay alternativa». De su solvencia depende la solvencia del euro. No queda otra.










