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Peligra la vida de otro preso cubano en huelga de hambre

Jorge Cervantes está grave en un hospital de Santiago después de 28 días de protesta

Día 25/06/2011 - 01.03h

Mientras el preso político Jorge Cervantes, de 41 años, languidece en la unidad de terapia intensiva del hospital Saturnino Lora de Santiago de Cuba, su madre, Alba García, de 72, duerme desde hace días en los bancos de ese centro o en la calle a la espera de las escasas noticias sobre su salud.

Cuando había cumplido una condena de 14 años de prisión y llevaba poco más de un año en libertad condicional, Cervantes fue detenido el pasado 29 de mayo en el municipio de Contramaestre y trasladado a «Versalles», el centro de la Seguridad del Estado en Santiago. El disidente fue acusado de colocar carteles críticos en lugares públicos. En concreto, «Abajo Fidel», denuncias sobre el deterioro de su ciudad o de abusos contra los derechos humanos cuando su hermano Agustín estaba en huelga de hambre el pasado diciembre en la cárcel de Baraguá.

Adeptos al régimen comunista lanzaron entonces cubos con alquitrán, botellas llenas de alcohol y fuego, gravilla y piedras contra su casa de Contramaestre, asegura Agustín Cervantes, de 37 años y del Movimiento Cristiano Liberación de Oswaldo Payá.

Desterrado en España desde el pasado 8 de abril, asegura que Jorge fue arrestado de nuevo para cumplir cuatro años pendientes de su condena por negarse a viajar con él en el último avión que aterrizó en Madrid con presos políticos y no tan políticos. Su negativa obedecía, según explicó a ABC el ex preso político, a que las autoridades cubanas no permitían a su esposa e hijas viajar con él a España.

El mismo día de su última detención, el opositor comenzó la huelga de hambre que le ha llevado a un estado «grave» y a ser internado en la unidad de cuidados intensivos. Jorge ya estaba tocado porque en prisión tuvo tuberculosis. Su hermana Marvelis lo vio «pálido y muy deteriorado» durante la visita que le hizo el martes para intentar disuadirlo. «Prefiere morir a volver a la cárcel», lamenta Agustín. Su madre denuncia que cualquier persona que se le acerca por solidaridad acaba «detenida o golpeada con palos».

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