Orgreave, 18 de junio de 1984. Allí, al norte de Inglaterra, y ese día, se desató el día de la ira. Siete mil mineros frente a tres mil policías. De fondo, el cierre de prácticamente todas las minas británicas (incluso las rentables) por parte del Gobierno conservador de Margaret Tatcher. Desde el 5 de marzo, los mineros de la zona, y algo más al norte, en Escocia, estaban en huelga. Una huelga que duró un año, que dividió al Reino Unido, que sembró la cizaña del odio y de la pobreza en pueblos y en familias, un conflicto que borró de la faz de la tierra comunidades enteras, modos de vida, tradiciones, y que llevó a los trabajadores a la caridad, incluso a dramáticos casos de esquirolaje, pero también a la solidaridad y a unos vínculos de amistad que aún perduran en muchos de los participantes. Mientras, el resto del país, en el que apenas existe la minería, vivió ajeno al conflicto, cuando no decididamente en contra.
Ventas millonarias
Val McDermid(admirada profundamente por Stieg Larsson, por ejemplo), una de las autoras de novela negra de mayor impacto en la actualidad, que vende sus libros por millones (diez millones, exactamente), nieta de mineros, y nacida en una de las zonas que vivieron aquellos terribles días, ha retomado el hilo de esa historia de lucha y derrota como escenario para las nuevas aventuras de la inspectora Karen Pirie en «Un territorio oscuro» (RBA Libros). Pirie, esa mujer que sería bonita «si se le definiesen los huesos debajo de la carne», deberá enfrentarse a dos sucesos ocurridos en esas fechas: la desaparición de varios supuestos esquiroles (entre ellos el tesorero del sindicato) y el secuestro y la muerte de la hija de un hacendado de la zona, el tercer hombre más rico de Escocia, llamada Catriona Maclennan Grant (cuyo hijo de seis meses tampoco aparece).Catriona y secuestrado, dos palabras que remiten, sin duda, a dos de las mejores novelas del también escocés Robert Louis Stevenson. «Por supuesto que es un homenaje —dice McDermid—. Stevenson es un escritor trascendental para cualquier escocés, y más aún para una escritora de novela negra. Ahí bebemos, como en Conan Doyle, más que en otro tipo de historias, como las de Agatha Christie. Porque Stevenson, además de escribir maravillosamente en cualquier género, también era un maestro en describir la psicología de las zonas más oscuras del ser humano».
Para comérsela
La verdad es que Karen es una mujer para comérsela, aunque su autoestima no suela ser muy elevada. Un personaje de esos que invitarías a unas pintas. «Cuando uno crea un personaje —continúa la novelista escocesa— le insufla sus propias experiencias. Con todo lo que he oído, vivido, leído, sentido, voy creando una suerte de banco de datos del que sale gente como esta Karen. Luego, lo primero que hago es definir el papel que tendrá en la novela y pienso en cómo sería la persona capaz de hacer lo que necesito que haga. Es como si dentro de mi cabeza conociera a alguien, y cada vez fuera sabiendo más de él».
Uno o más cadáveres
Aparte de un cadáver (o varios) dentro, qué tendrá el agua de la novela negra que tanto la bendicen. «Yo creo —destaca Val McDermid— que hoy en día, la novela que podríamos llamar literaria es algo absolutamente hermético, son obras que más bien parecen teoría literaria. Y si un escritor quiere comprometerse y contar lo que pasa en la sociedad en la que vive ha de inclinarse por un género como éste. Yo, desde luego, cuando quiero saber, cómo es la sociedad española o sueca o italiana actual me pongo a leer su novela negra, es la mejor manera de averiguar y saber qué es lo que verdaderamente pasa».
Porque también en un pequeñito pueblo escocés, aparentemente bucólico y amable puede germinar la semilla del diablo. «Bajo la aparente calma, bajo la paz aparente, siempre subyace algo oscuro y siniestro. A lo mejor, no tanto como un asesinato, pero todo el mundo tiene secretos y todos nosotros tenemos algo de qué avergonzarnos. Además, esto es básico para el escritor de novela negra: por qué matas, qué te importa tanto como para matar...».
Desde Caín, buscamos la respuesta.



