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Tiempo muerto

Cada segundo de más Rubalcaba corre el riesgo de ser el candidato de un gobierno definitivamente intervenido

Día 21/06/2011

Ano ser que el presidente del Gobierno pretenda lograr eludir el cerco por evaporación, la hipótesis del anticipo electoral es ya la única salida del zombi de La Moncloa, quien en sus fantasmales y solitarias elucubraciones ya no descarta tirar la toalla. Instalado en la actitud contemplativa puede que hasta Rubalcaba también prefiera ahorrarse los minutos de la basura y aprovechar el calentón de las avalanchas callejeras. El plan de llegar hasta los penaltis y que salga el sol por Antequera es una ruina sólo comparable al estado de las finanzas públicas. Hay poco que esconder cuando no queda nada, así que la mudanza, como la economía según el PSOE, puede ser cuestión de un par de tardes.

Zapatero y sucesores es una razón social no ya en pérdidas, con un pasivo de cinco millones de parados, una deuda asfixiante y una insolvencia absoluta; es una marca maldita con menos crédito que Rumasa. ¿Qué desastres no se habrán perpetrado para que se teorice sobre la posibilidad de sentar en el banquillo al presidente del Gobierno? Sólo en el apartado económico, los números rojos de Zapatero constituyen la prueba del delito de haber reducido España a la condición de serio aspirante al rescate financiero; un país que llamaba a las puertas del G-8 tras haber acometido un proceso de convergencia que llegó a ser calificado de milagroso.

La urgencia de las reformas conspira contra un tiempo político en el que el PSOE se refugia tras las anchas espaldas de la banca, a quien pretende responsabilizar en exclusiva del colapso, mientras las columnas de indignados rodean las instituciones y convierten el orden público en algo tan opinable y subjetivo como la consistencia nacional de España según Zapatero. En esas condiciones, el debate del Estado de la Nación no puede ser sino un recuento de bajas y de daños imposible de camuflar en la retórica de brotes verdes y juegos florales socialistas.

Es cierto y no deja de resultar paradójico que las masas no exijan elecciones anticipadas, circunstancia que atenúa la presión sobre un Gobierno que deja hacer, consciente de que si el PSOE tiene pocos votantes entre los acampados, menos aún tiene el PP. Es un éxito de la izquierda oficial que en el momento de mayor convulsión social el dedo de los parados no señale a Rubalcaba, ni al ministro Gómez, ni siquiera a Zapatero. Sin embargo, nadie ya, salvo algunos pocos más ignorantes que irreductibles, confían en un atisbo de recuperación, un dato al que aferrarse, un respiro de la prima de riesgo.

Al contrario, cada segundo de más Rubalcaba corre el riesgo de ser el candidato de un gobierno definitivamente intervenido. Es decir, sin subterfugios ni visitas de cortesía de la cancillera Merkel y sus ministros. Y eso, Rubalcaba, no lo debería permitir, a no ser que su proyecto consista en sacar a Franco de su tumba y a España, del euro, cosa que, bien mirado, a más de uno en el PSOE le puede parecer algo así como matar dos pájaros de un tiro.

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