Economía

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Con la grande polvareda, perdimos a don Beltrane

Alrededor de nuestra economía existe, como todos sabemos, una polvareda tremenda

Día 20/06/2011

Alrededor de nuestra economía existe, como todos sabemos, una polvareda tremenda. Por un lado desde lo que puede suceder a Grecia hasta la polémica sobre la reforma laboral. Con todo eso, un problema esencial de nuestro futuro económico, como es el agropecuario, se corre el riesgo de que quede a un lado.

El gran problema que tiene España en estos momentos, de cara a su futuro, es el de la competividad. No es posible salir de la crisis con un déficit por cuenta corriente, en los doce meses que concluyen en marzo de 2011, de 65.900 millones de dólares. En el mundo financiero se espera que este año ese déficit alcance el 3,96% del PIB. Sólo Grecia, Turquía, Egipto y África del Sur, superan ese porcentaje, en el bloque de los 42 países más significativos en la economía mundial, y el español es igual al previsto para Polonia. Así se complicará la financiación del déficit del sector público, que en los mismos medios, se considera que se situará en torno al 6'8% del PIB.

En ese planteamiento, España tiene que avizorar, de la mano implacable de David Ricardo, con todas las derivaciones que se quieran, en qué sectores productivos tiene una considerable ventaja comparativa. Uno, es el turismo. Pero otro es la producción agropecuaria, El sector rural, con sus derivaciones de la industria de la alimentación, debe pasar al primer plano de nuestras preocupaciones. Nada más concluir la Guerra Civil, Ramón Carande, desde el nº 1 de la «Revista de Estudios Políticos», indicó que el de la potenciación de la agricultura y la ganadería, con sus derivaciones industriales, era el camino a seguir, porque ahí residía una clara ventaja competitiva. Con daño, no fue escuchado, ni tampoco el profesor Torres, cuando aconsejó lo mismo al conocerse la Tabla input-output de España de 1954. Hoy el gran defensor de la industria agroalimentaria es el profesor Jaime Lamo de Espinosa, dentro de un planteamiento en el que ha irrumpido la crisis de la agricultura tradicional que se produjo desde mediados del siglo XX, como consecuencia del proceso industrializador, y más adelante, al haberse vinculado nuestro sector rural a la Política Agrícola Común y demás disposiciones comunitarias.

Recientemente se han disparado los precios agrícolas. El 31 de mayo de 2011, respecto a un año antes, los de los productos agrarios alimenticios, según el «The Economist» commodity-price index", crecieron en un año un 48,8% y los bienes agrícolas no alimenticios, un 68,4%. Y ¿qué va a suceder en Europa, por ejemplo con la cebada, como consecuencia de la sequía que la azota?

El riesgo es que parece contemplarse exclusivamente el peso actual de la agricultura en el PIB español, de un 2,6% en ese año cumbre de nuestro PIB que fue 2007, y en el 2010, y con los datos publicados por el «Informe Trimestral. Síntesis de Indicadores Económicos» de la Secretaría de Estado de Economía hasta el III trimestre de 2011, un 2,4%. También si a eso se añada la valiosa información aparecida en «AgroNegocios» el 17 de febrero de 2011, titulada «Las subvenciones subieron apenas un 0,1%, hasta 6.851,9 M€, y representaron el 29,9% de la Renta Agraria total. La Renta Agraria 2010 se recuperó un 8,3%, gracias a la producción vegetal y a las ayudas». ¿No hay que considerar así a este sector en liquidación? Por tanto, ¿para qué discutir a fondo la nueva PAC?

Pero he aquí que los bienes de consumo alimenticio —de origen agropecuario, claro es— supusieron en el año 2009 el 13,8%, y de enero a septiembre de 2010, el 12,7%, del total de nuestras exportaciones. ¿Podemos prescindir de ellas, sobre todo en la crisis actual? Por supuesto la balanza comercial en este sentido es positiva.

Es preciso plantear todo esto, vital para España, en un sentido dinámico. Por ejemplo, teniendo en cuenta las posibilidades de los transgénicos. Por ejemplo, además, observando la realidad del petróleo, que repercuten de inmediato en la coyuntura del biodiesel, del bioetanol. Por ejemplo, también teniendo en cuenta las consecuencias medioambientales, como se desprende del importante artículo de Nerea Ubierna et. al, «The efficiency of C4 photosynthesis under low light conditions: assumptions and calculations with CO2 isotope discrimination» publicado en el «Journal of Experimental Botany», 2011. Por ejemplo, en el marco de la seguridad alimentaria europea ante cualquier emergencia, incluidas las tensiones del Mediterráneo meridional. No podemos dejar que la polvareda coyuntural actual haga que se pierda, como dice el romancero, ese importante «don Beltrane» que es el sector agropecuario y su proyección industrial y comercial.

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