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«En España me respetan más porque no conocen mi pasado»

Ricardo Darín protagoniza «Un cuento chino», de Sebastián Borensztein, una reflexión sobre la incomunicación

Día 17/06/2011 - 13.52h
ERNESTO AGUDO

Que una vaca caiga del cielo y hunda un barco no es una fantasía, ni un historia surrealista. Todo lo contrario. Es un hecho real que ocurrió en Japón y que fue recogido en su momento por la prensa, quizá dentro del capítulo de noticias asombrosas o anecdóticas. Esta anécdota llegó a las manos del director de cine Sebastián Borensztein que, tomándola como punto de partida, ha tejido a su alrededor el argumento de su segunda película, «Un cuento chino», protagonizada por Ricardo Darín —«Nueve Reinas», «El hijo de la novia», «El secreto de sus ojos»— y Huang Sheng Huang.

El primero es un ferretero cincuentón que lleva tres décadas atrincherado en su soledad. El segundo es la víctima de esa anécdota surrealista trasladada a China, el barco que se hunde es el suyo, y con él, su prometida. El destino los reunirá en Buenos Aires y en un drama, con brotes de comedia negra, que reflexiona sobre la incomunicación, la solidaridad y el absurdo... «El mayor de ellos que Argentina entrara en guerra con Inglaterra por mar», subraya Ricardo Darín, quien sostiene que no tiene nada, o poco, que ver con el carácter de Roberto, el ferretero. «Quizá tan solo en algunos puntos que nos tocan a todos, como la disconformidad con el sistema, los malos tratos, la obsesión por defender algunas cuestiones sociales. En lo que no coincido —subraya— es en el temperamento, aunque entiendo que alguien termine tan enojado teniendo en cuenta sus antecedentes familiares».

Franqueza y honestidad

En el filme, Roberto acogerá en su casa a un completo desconocido: un chino, de poco más de veinte años, que no habla ni una sola palabra de español. Muestra así una valentía de la que distan muchos, «y también una gran franqueza y honestidad. No pretende ser políticamente correcto y sin embargo, en mi opinión, lo es mucho más». Darín hace una reflexión al hilo de esta afirmación: «Me llama la atención cómo últimamente nos hemos acostumbrado a las anomalías. Terminamos domesticados ante determinadas deformaciones sociales que nos afectan y nos hieren... Medimos las consecuencias y sin son pequeñas lo dejamos correr». Esto se refleja en la película elevado a la máxima potencia, «al enfrentar a un argentino y a un chino, dos mundos muy opuestos en las formas. Sin embargo —puntualiza—, yo creo que Occidente tendría que aprender mucho de Oriente».

Tras conseguir el Oscar con su último filme, «El secreto de sus ojos», el actor argentino se confiesa un amante de las historias pequeñas «porque el ser humano se ve más reflejado en ellas. También me encantan las otras, las grandes, las historias épicas que viajan en el tiempo, pero como sociedad creo que las pequeñas nos enseñan a darnos cuentan que no hace falta la gradilocuencia para presentar un cuento bien contado. Esto es un incidente en la vida de dos personas que se cruzan por azar».

Todo cuento o fábula tiene su moraleja, en este caso la de ver «cómo un hombre mayor, enojado, bloqueado emocionalmente, termina aprendiendo de un muchacho chino, con el que no cruza una palabra, dándose una nueva oportunidad para vivir».

Antigalán

Una fábula que ha enganchado ya, en pocas semanas, a casi un millón de espectadores en Argentina gracias al boca boca. «Ha sobrevivido a todos los tanques, como “Thor”, “Piratas del Caribe”...», se enorgullece el actor que en este filme aparece convertido en un antigalán, uniformado con un guardapolvos gris —una odisea hasta encontrarlo—, tan gris como su propia existencia. Algo que no le molesta en absoluto al actor. «Es muy agradable la figura de antigalán, más que la de galán que siempre está ahí para que le maten —bromea—. Además me gusta esa imagen porque es más coherente con mi realidad. Y los personajes más ricos y más jugosos son los antihéroes. Y en esta película, Roberto está hecho de buena pasta, a pesar de las formas».

Darín reconoce que su carrera se debe «a un cúmulo de hechos fortuitos» y confiesa que a lo largo de sus trayectoria ha hecho «bodríos insoportables», de los que no se arrepiente, «porque debía tener una mínima estabilidad para llevar adelante una familia». Después, con el tiempo, ha podido mirar con cierta perspectiva su carrera. «Estoy muy agradecido en ese sentido, pero no sé a quién —bromea—. Me siento un tipo muy afortunado. He hecho de todo. Me he cruzado con gente con muy buena onda, porque uno solo no hace nada. Mi carrera se la debo a todos ellos». Rostro muy popular en nuestro país, gracias también a su paso por los escenarios españoles para interpretar la obra de teatro «Arte», Darín es consciente de que es un actor muy querido en España. «Aquí se me respeta mucho más que en mi país porque no conocen mi pasado, creen que nací haciendo buenas películas e hice muchas cacas», bromea. «La gente siempre ha sido muy cálida y muy familiar conmigo. Eso me da mucha tranquilidad y me ha permitido decir siempre lo que he querido, y alguna cagada he dicho...», concede entre risas.

En cuanto a sus futuros proyectos, el actor argentino adelanta pocos datos, «tengo una obra de teatro que puede terminar pasando por España». Hasta ahí puede leer.

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