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Columnas / FUERA DE MICRÓFONO

Tantos años después

En nombre de los votos y de la democracia no se puede sostener que un hombre esté 28 años sin moverse del sitio

Día 13/06/2011

SOSPECHO que estoy lejos de la normalidad política, distante también de la periodística a la que, según los días, pertenezco con determinación y desgana. Expuesto como estoy al error cada mañana en Punto Radio, no debo decir lo que está o no está bien. El momento es tan complejo que son pocas las cosas que con los ojos tapados puedo pensarlas así: esta es buena, esta no. Días atrás, el sábado, veía en la portada de un periódico la foto del que hasta hace unas horas era alcalde de Getafe, Pedro Castro. El periódico homenajea a un hombre que lleva siendo alcalde 28 años. Sí, repito: 28 años en el mismo sillón, en el mismo despacho, en el mismo consistorio, en las mismas ferias, en las mismas Navidades, en los mismos plenos; veintiocho años mirándose al espejo del despacho, el que devolvía cada mañana en su imagen reflejada la certeza de que la muerte iba haciendo su trabajo. Él no lo sabe, pero ha resucitado.

Donde unos ven motivo para el homenaje yo solo encuentro razones para el desdén y el escándalo. No se me ocurre una sola razón para que alguien, por listo y honrado que sea, deba permanecer seis lustros en el mismo sitio. La foto muestra a un señor de pelo blanco que, sentado en el sofá de su despacho, va llenando una caja de cartón con fotografías, del blanco y negro al color. Su gesto es serio, tristón, y si no fuera por el pie de foto podríamos inferir que se le ha muerto alguien. O quizá es eso. A ver si va a ser que Pedro Castro, y otros pedrocastros que por ahí hay, sienten al decir adiós al poder lo que sentimos los demás cuando se nos va un ser querido. Claro que me pueden decir: son los votos los que hacen que esté de alcalde 28 años. Bien, respondo, los votos puede ser y son razonados, pero no tienen por qué ser razonables. Estoy con José Antonio Marina cuando recuerda que no todas las opiniones merecen respeto, que son las personas y no las ideas las que lo que merecen, por eso hay ideas repugnantes que estamos obligados a rechazar. ¿Soy sospechoso porque diga que el respeto lo tienen las personas pero no su forma de votar? Pues si he de serlo, seámoslo. La democracia como sistema lleva dentro un germen que la hace perfectible hasta el agotamiento. Y en nombre de los votos y de la democracia no se puede sostener que un hombre —no digo un partido— esté 28 años sin moverse del sitio. ¿A qué profesión vuelve un dirigente que ha hecho de la política un oficio? Ahora que los pedrocastros sin alcaldía tienen tiempo ahí va una recomendación: lean Las memorias de Ultratumba, de Chateaubriand. Descubran cómo Napoleón cuenta su caída: La desgracia y lo maravilloso son gemelos, nacieron a la vez. Y que no hombre, que no. Que no pasa nada por salir de la alcaldía treinta años después. Nada.

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