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«¡Al encerado!»

Ignacio Elguero. Editorial Planeta. 347 páginas. 20,50 euros.

Día 08/06/2011 - 10.18h

Ser un chavalillo en aquella España de finales de los 60 no era precisamente ninguna bicoca, pero visto lo visto, con estos mozalbetes malencarados, superprotegidas y endiosados por sus progenitores, casi mejor hacer Historia. Como la ha hecho, de la amena, de la que se lee en la camita, o con las zapatillas Baroja bien calzadas Ignacio Elguero. Elguero, poeta, director de «La estación azul» al lado del maestro Javier Lostalé, esa antorcha de la poesía radiofónica durante años, director de Radio 1 de Radio Nacional, también ha dejado por escrito constancia de otros niños en títulos como «Los niños de los chiripitifláuticos: retrato generacional de los nacidos en los 60» y «Los padres de Chencho: niños de posguerra, abuelos de hoy», testimonios sabrosamente costumbristas de la España del «Cesta y puntos», los estudios de televisión en el Paseo de La Habana, y los zapatos Gorila, comprados en Segarra.

Ahora ataca de nuevo con un libro con un título cuya sola mención hace temblar a los más corajudos del lugar: «¡Al encerado¡», dos palabras que eran, en la mayoría de los casos, como si te colocaran ante el pelotón de fusilamiento, a menudo entre la rechifla generalizada de los que, momentáneamente, se habían librado de aquel fatal destino. Sin olvidar las miraditas aviesas del profe, que te condenaban antes del juicio, y los pelotilleros y sabelotodos cuatro ojos que se regocijaban en su pupitre.

Faldas tableadas

Aquellos colegios con fósiles más antiguos que la propia Prehistoria, con reglas que llegaban hasta la yema de los dedos, con babis a rayas, corbatas de gomas, faldas tableadas, medias de sport, verdugo para un tiempo en el que de veras hacía frío, lapiceros de colores Alpino, gomas Milán, el compás y el tiralíneas (menos mal que llegaría el rotring redentor), el Domund, y una cosa llamada tabla periódica que era como un juramento del Maléfico: «Hidrogeno, litio, sodio, potasio, rubidio, cesio francio...».

«¡Al encerado!»
ABC 
Cubierta de la novela

Ignacio Elguero reconoce que «tengo una memoria muy buena, pero también me he documentado mucho para refrescarla, y he charlado con niñas y niños de entonces, hoy lógicamente, cuarentones y entrados en la cincuentena. Pero, curiosamente, la buena capacidad retentiva que tengo no la tenía en mis años colegiales para ciertas cosas como aquellas fórmulas de la tabla periódica de los elementos, que fue mi cruz durante el BUP. Lo de los preceptos del Catecismo, que también te los aprendías de memoria, fue más fácil, porque era casi cantado, con tonadilla: «¿Eres cristiano? Sí, soy cristiano por la gracia de Dios. ¿Qué quiere decir cristiano?: cristiano quiere decir discípulo de Cristo».

Efectivamente, Elguero comparte clase, es decir páginas del libro con, Juan Luis Cano, de Gomaespuma, Echanove, Javier Sierra, Dolores de Cospedal, Sole Giménez (de Presuntos Implicados), Elvira Lindo, Ángeles Caso, Patxi López, Mariló Montero, Pepa Bueno, Miguel Pardeza, Ángel Antonio Herrera... que baten el abanico de sus recuerdos a través de los capítulos dedicados al Domund; urbanidad y disciplina; las pellas; la puntualidad; las medallas y el cuadro de honor; con flores a porfía; la Primera Comunión; la OJE y los boy-scouts; los estuches; la Formación del Espíritu Nacional; los cromos; el recreo; la pirita y la calcopirita; el despacho del director; el canuto (para disparar arroz); las peleas de pelotillas con gomas...

Qué dirían nuestros hijos, hijos también de las redes sociales, del móvil, de la consola...«Conocer un periodo de historia, de la vida cotidiana que le tocó vivir a una generación, yo creo que siempre es curioso e interesante —continúa Ignacio Elguero—. La nuestra se verá, efectivamente, reflejada en este libro. Las siguientes pueden aprender mucho, y quizá entender que no todo es tan fácil como se pinta». Una generación que vivió todos los cambios (a alguno nos tocó el doblete: la reválida de 6º y la selectividad). Una generación, como cuenta el autor, que es «la llamada del baby-boom (nacidos entre finales de los 50 y comienzo de los 70), que comienza su etapa escolar marcada por asignaturas como Disciplina, Urbanidad y Comportamiento, con monjas, curas y profesores de mano dura o suelta; y acaba su ciclo tuteando a los profesores, la llegada de los curas progres, de las monjas en vaqueros... Vamos, que pasamos del tortazo al tuteo en unos años. Pero era una generación con un elevado sentido del esfuerzo, la responsabilidad y la austeridad, es decir, valoraba lo que tenía».

«¡Al encerado!», más miedo que en las «Historias para no dormir» de Chicho Ibáñez Serrador.

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NATIVIDAD PULIDO Es uno de los artistas más singulares del Renacimiento español. Se dedicó exclusivamente a la pintura religiosa, pero fue tremendamente original

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