En su primera jornada en Croacia, Benedicto XVI dirigió ayer una fuerte advertencia a Occidente y Europa sobre la importancia de respetar la libertad de conciencia, sin la cual las sociedades caen en la dictadura. Durante su encuentro con intelectuales, personajes culturales y líderes políticos en el Teatro Nacional de Zagreb, afirmó: «La calidad de la vida social y civil, la calidad de la democracia, dependen en buena parte de este elemento crítico que es la conciencia».
La sociedad que se proclama libre pero no respeta de verdad la conciencia de sus ciudadanos cava su propia fosa como democracia, pues debilita la raíz de la libertad. El Papa lo advirtió de modo claro: «Si la conciencia, como pretende el pensamiento moderno predominante, se reduce al ámbito subjetivo al que se relegan la religión y la moral, la crisis de Occidente no tiene remedio, y Europa está destinada a seguir perdiendo terreno».
Su discurso a 700 profesores, intelectuales, diplomáticos y políticos se dirigía a toda Europa, especialmente a los países que dificultan la presencia de la religión en la vida pública o no reconocen jurídicamente aspectos de la libertad de conciencia como el derecho a la objeción ante prácticas que se consideren inmorales.
«Esperanza para el futuro»
Era un discurso de envergadura similar a los pronunciados en el Colegio de los Bernardinos de París sobre la verdadera laicidad o en el Westminster Hall de Londres sobre la verdadera democracia. El Papa-profesor aprovecha estos encuentros no religiosos para recordar la estructura de las sociedades libres y a la vez religiosas que hicieron grande a Europa.
Aunque su advertencia era muy seria, Benedicto XVI no es pesimista respecto a Europa, pues «si se redescubre la conciencia como lugar de escucha de la verdad y el bien, de la responsabilidad ante Dios y ante nuestros hermanos los hombres —que es la fuerza contra toda dictadura—, entonces hay esperanza para el futuro».
El público incluía líderes religiosos ortodoxos, judíos y musulmanes, a los que recordó que «la religión pone al hombre en relación con Dios, creador y padre de todos, y debe por tanto ser una fuerza de paz. Las religiones deben purificarse siempre según esta esencia verdadera para corresponder a su genuina misión».
El cuadro estaba claro. Las autoridades deben respetar la libertad de conciencia y la práctica religiosa, y las religiones, promover la paz, un mensaje muy necesario en los Balcanes, donde hace 20 años muchos líderes ortodoxos, católicos y musulmanes azuzaron la guerra fratricida.
Al anochecer, el Papa mantuvo un emotivo encuentro con 50.000 jóvenes a quienes invitó a ponerse en camino hacia la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid y a descubrir su vocación al amor como servicio a los demás, «incluso a contracorriente».





