SEVILLA
«¿Que «El Cuco» vive aquí ¡ay madre mía!», era la exclamación en la calle sevillana Estrella Canopus en tiendas y veladores. Los vecinos menos informados se llevaron una gran sorpresa. Otros habían oído rumores y los había incluso que ni sabían quién era «El Cuco». Pero ya están enterados de que fue el menor implicado en la desaparición de Marta del Castillo y que ya ha sido enjuiciado, que está en libertad y que ahora es mayor de edad. «Sí pero no se puede acercar a menos de 50 kilómetros de Sevilla», aseveraban algunos sin saber que le han levantado también la medida de alejamiento.
«El Cuco» vive en la calle Estrella Vega de Pino Montano en unos pisos de Protección Oficial que concedió Emvisesa hace dos años en régimen de alquiler con opción a compra. Al parecer, antes de que saltara el caso de Marta del Castillo— el 24 de enero de 2009 desapareció— vivían en Rochelambert y luego se mudaron a estas viviendas sociales que levanta la Administración para familias con escasos recursos. El inmueble está en esa calle, paralela a Estrella Canopus y muchos han visto a los padres del chaval comprar en una frutería pero no saben nada más.
En un establecimiento cercano a esa tienda habitual de la familia, los comerciantes sentenciaban ayer, sin miramientos: «Ese no entra aquí». Lo tienen más que claro. Les da igual que la Audiencia de Sevilla haya decidido que ahora debe estar en libertad a la espera del recurso presentado contra la sentencia que le condenó en marzo a tres años de internamiento.
«A la tienda entrará una vez porque yo no me dé cuenta pero la segunda lo echo a la calle porque aquí vienen muchas niñas y no es plan. Además ésta es mi casa y aquí entra quien yo quiera».
Con la cara contrariada ante la noticia de que el joven ya estaba en el barrio, el comerciante explica que estos meses atrás la «comidilla» de la zona se centraba en el temor que causa la presencia del muchacho. «Aquí no lo quieren en el patio de la casa porque estos bloques tiene unos patios y ahí se da cita la chavalería y, claro, hay muchas mocitas de 16 y 17 años y la gente no quiere ni verlo ¿o es que es para menos? Eso cualquiera que tenga una hija se echa a temblar».
En los veladores tomando una cerveza había dos parejas de diferentes edades; una de ellas, con una niña de sólo unos meses en su carrito. El padre, muy alterado, no se muerde la lengua: «A mí me da igual que esté aquí por el barrio, pero como me moleste o le haga algo a mi hija le... que yo soy de pueblo y soy muy bruto».
En la mesa de al lado, la otra vecina de más edad pregunta si la Policía va a poner más vigilancia por la zona. Su acompañante no muestra ninguna duda: «Desde luego eso lo tendrán que hacer, a ese hay que controlarlo de cerca». «Es que ese individuo —media la mujer— se puede hasta disfrazar y hacer cualquier cosa».
Al calor de la conversación llegan otros vecinos más tranquilos que incluso se atreven a vaticinar el futuro del menor más mediático de España en estos días: «Ese va a volver otra vez a la cárcel, seguro, seguro que hace otra cosa».
Aunque lleva pocos días en su casa, «El Cuco» no es bienvenido y sus vecinos toman precauciones pues coincidir en tiendas y bares no es difícil dada la amplitud de las avenidas, los pocos años que tienen los bloques y los escasos comercios que, de momento, hay en ese entorno en el que viven familias de todas las edades.




