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Tensión étnica en la región china de Mongolia Interior

A pocos días del 22 aniversario de Tiananmen, el régimen impone la ley marcial para impedir violentos disturbios como en el Tíbet y Xinjiang tras las protestas de los ganaderos mongoles contra la industria minera china

Día 31/05/2011 - 17.53h

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Tras los violentos disturbios en el Tíbet en 2008 y en la región musulmana de Xinjiang en 2009, vuelve la tensión interétnica a China. En este caso a la provincia de Mongolia Interior, sacudida en los últimos días por varias manifestaciones que han obligado al régimen de Pekín a desplegar al Ejército por sus principales ciudades.

Los detalles son todavía confusos pero, según informan las agencias internacionales, desde principios de mayo se vienen sucediendo protestas de ganaderos mongoles contra la creciente industria minera china, que está explotando los ricos yacimientos de carbón de esta zona del norte del país para alimentar su extraordinario crecimiento. El pasado día 10, uno de estos manifestantes falleció al ser atropellado por un camión cuando intentaba bloquear su acceso a una mina a través de un atajo dentro de sus tierras en las verdes estepas de Xilingol. Poco después, cuando sus compañeros fueron a protestar por dicha muerte, otro mongol pereció al ser arrollado por una carretilla elevadora.

Dichos incidentes han elevado la tensión en la región, donde su tranquilidad habitual ha quedado rota por las mayores manifestaciones de los últimos veinte años, que llegaron a congregar a unas 2.000 personas en Xilingol. “Varios cientos de personas, la mayoría estudiantes y vecinos de la ciudad de Hohhot, se reunieron el lunes a las once de la mañana en la plaza Xinhua cantando soflamas y portando carteles pidiendo derechos legales para el pueblo mongol”, explicó a la CNN Enghebatu Togochog, director del Centro de Información sobre Derechos Humanos en el Sur de Mongolia, con sede en Nueva York. Togochog también denunció que “las tropas del Ejército dispersaron a la multitud al cabo de una hora y docenas de manifestantes fueron arrestados”.

El Ejército, a la calle

Para impedir que las protestas deriven en enfrentamientos violentos, el autoritario régimen de Pekín ha sacado una vez más a los soldados y la Policía a la calle en ciudades como Hohhot, Chifeng y Tongliao, donde prácticamente impera la ley marcial. Las imágenes difundidas por algunas televisiones de Hong Kong muestran las principales plazas tomadas por los militares y escuadrones antidisturbios. Además, los estudiantes han sido confinados en las universidades para que no se manifiesten e internet ha sido cortado.

“Las autoridades locales responderán positivamente y tratarán de resolver los problemas entre el desarrollo económico y la protección medioambiental”, ha prometido hoy la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Jiang Yu, quien volvió a acusar a ciertas “personas del extranjero que intentan aprovecharse de la situación”.

Por su parte, un editorial del diario “Global Times”, órgano en inglés del Partido Comunista, negó cualquier relación entre estas protestas y los disturbios étnicos de corte independentista en el Tíbet y Xinjiang. “Los conflictos sociales están en ascenso en China y las minorías étnicas no son una excepción, pero los incidentes no deberían ser exagerados”, publica dicho periódico, que considera “razonables” las peticiones de los “manifestantes pacíficos”.

La matanza de Tiananmen

A pesar de estas llamadas a la calma, las protestas en Mongolia Interior llegan en un momento especialmente sensible. El sábado, 4 de junio, se cumplen 22 años de la matanza en la plaza de Tiananmen y, según los familiares de algunas víctimas, el Gobierno ha planteado por primera vez pagar indemnizaciones por los cientos de personas que perecieron en el aplastamiento militar.

Al incremento de la represión por el temor a protestas inspiradas en las revoluciones que sacuden al mundo árabe se suman ahora las manifestaciones en Mongolia Interior, colonizada por los chinos de la mayoritaria etnia “han” y donde sus habitantes autóctonos ya solo suponen el 20 por ciento de su población (24 millones). Su forma de vida tradicional, basada en la ganadería y el nomadismo, se ha visto afectada de forma radical por la proliferación de minas para explotar los ricos recursos naturales de la región. Como consecuencia, los pozos de carbón le están comiendo terreno a las estepas de los vaqueros y la producción de carbón se ha triplicado en los últimos cinco años, hasta alcanzar los 782 millones de toneladas en 2010.

Según el “Diario del Pueblo”, portavoz del Partido Comunista, los vaqueros mongoles reciben cada año 13.000 millones de yuanes (1.387 millones de euros) en indemnizaciones por dejar de criar ganado para proteger las frágiles estepas. Con ese dinero, el periódico calcula que cada familia percibe anualmente 70.000 yuanes (7.492 euros), más de los 40.000 yuanes (4.281 euros) que les reportaría la venta de ganado.

Como en el Tíbet y Xinjiang, la lucha entre la modernidad de los “han” y la tradición de los mongoles amenaza con hacer estallar de nuevo la violencia interétnica en China.

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