De pronto, precisamente en la víspera de las elecciones del 22 de mayo de 2011, las noticias se precipitaron. Por una parte, en el cierre de la semana el 20 de mayo, la cotización del bono español a 10 años, según recoge Thomson Reuters, hizo que sus tipos de interés creciesen hasta el 5'48%. De los 22 países que de esta magnitud recoge cifras «Financial Times» de 27 de mayo 2011, ese grupo que es el decisivo en el aspecto financiero mundial , únicamente tienen tipo de interés más alto, Grecia, Irlanda, y Portugal. Naturalmente, altos tipos de interés, mostrados a través de lo que, por algo, se denominó antaño a ciertos de esos títulos, «deuda reguladora», impiden lisa y llanamente, desarrollo económico. También se complica la propia financiación del sector público, porque, por ejemplo, el Gobierno no logró en el mercado colocar el 19 de mayo de 2011 toda la deuda que deseaba a 10 y 30 años.
La consecuencia lógica fue que en la sesión del 20 de mayo de 2011, cayó en la Bolsa de Madrid el Ibex 35 150,20 puntos. A lo largo del año que concluía ese día, se había alcanzado el índice 11.113; ahora pasaba al 10.225,60. Todo este agrio panorama se complementaba con un paro que se sitúa ya en los 5 millones de desempleados, y con una inflación en abril de 2011 del 3,8%, en tasa anual, cuando un año antes era del 1,5%; a más de un déficit por cuenta corriente, que se situó en los doce meses que concluyeron en febrero de 2011, en 63.900 millones de dólares, únicamente superado, en cifra absoluta en el mundo, por EE.UU. y por Italia.
La pregunta inmediata es la de por qué se ha originado esto precisamente en un momento clave de la política española. Pues, sencillamente, por la desconfianza de los medios financieros mundiales. Véase por ejemplo el artículo de Jonathan House y Sara Schaefer Muñoz, «Spain vote threatens to uncover debt», que ocupa toda la página 3 de «The Wall Street Journal» del 20-22 de mayo de 2011, donde se destaca que «los economistas temen que emerjan cuentas “ocultas”, socavando los esfuerzos de austeridad».
A esas noticias obligadas se ha llegado recientemente por un doble camino que parte de un hecho: el gasto público de las autonomías equivale, en cifras redondas, al doble del gasto del Estado, y el de las corporaciones locales, casi al del Estado. Ese doble sendero, se acaba de recorrer por Alberto Recarte y por Lorenzo Bernaldo de Quirós. Recarte, en «La economía española en 2011: pasado, presente y futuro. Desde la perspectiva del empleo y el paro» (Libertad Digital, 5 mayo 2011) señalaba que el Gobierno transfirió en 2009 a las autonomías «20.000 millones de euros más de los que les correspondía por su participación en IRPF, IVA e Impuestos especiales… Las autonomías y los ayuntamientos, beneficiados también por transferencias extraordinarias, creyeron que su capacidad de gasto total sostenible había aumentado de modo permanente, por lo que aumentaron el gasto corriente y las inversiones, a más de contratar nuevo personal. Por eso ahora las autonomías y los ayuntamientos no sólo tienen que devolver a la Administración Central 30.000 millones de euros», sino que estas administraciones «deberán reducir su personal en, al menos, 300.000 personas, que es el incremento del personal del sector público entre 2007 y 2010».
Lorenzo Bernaldo de Quirós en «Una estructura territorial insostenible: las autonomías y los ayuntamientos después del 22 M» (Freemarket Corporate Ingelligence), 16 mayo 2011 demuestra cómo «en un escenario de cierre o de hibernación de los mercados financieros y con una economía en recesión, las administraciones periféricas tienen dificultades crecientes para obtener recursos para cubrir su endeudamiento y aquellas con mayores niveles de deuda pueden llegar a una situación de insolvencia. Esta es la realidad española».
Usurpando el título de esa novela estupenda de Pío Baroja, «Las mascaradas sangrientas» lo que se hizo entre el Gobierno, las autonomías y los municipios, para ocultar la crisis, fue un enmascaramiento sangriento porque agudizaba la mala coyuntura y creaba, como dice Bernaldo de Quirós, un panorama que «tiene connotaciones explosivas». Y al percibirlo, el globalizado mercado financiero, ha reaccionado. Eso explica por qué desde el 22 de mayo de 2011 también se acumularon novedades económicas impertinentes.






