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«Voy a traer a mi marido a casa»

Día 20/05/2011

Voy a sacar a mi marido del hoyo donde se encuentra», dijo Anne Sinclair a su familiares, anunciándoles que tomaba un avión particular, alquilado, sin esperar a ningún vuelo regular París–Nueva York. Y dicho y hecho, con toda celeridad, ayer Sinclair acompañada de una de las hijas de Dominique Strauss-Kahn (DSK) se presentó en el tribunal ante el que comparecía su atribulado esposo.

Horas antes de que estallase el escándalo, había recibido una llamada de DSK, desde un taxi camino del aeropuerto, anunciándole que tenía algunos «problemillas» que ya le contaría cuando se encontrasen en París. Intrigada, Anne Sinclair llamó al primer consejero de su esposo, Ramzi Khiroun (el propietario del Porsche que ya suscitó otro escándalo, menor), que fue muy escueto, confirmando que, efectivamente, «Dominique tiene problemas».

Horas más tarde, Sinclair pedía a su secretaria que hiciese los preparativos de urgencia para tomar un avión privado. Y, con un bolso de mano, de cocodrilo, y varias maletas, abandonó París para instalarse en Nueva York, donde ya residió muy niña.

Anne Sinclair fue una periodista famosa. Aunque nació inmensamente rica, nieta de Paul Rosenberg, el legendario marchante de arte que encargó a Picasso un cuadro de su esposa, Micheline Nanette Rosenberg, la madre de la esposa de DSK. Parcialmente heredera de esa fortuna, en obras de arte, estudio ciencias políticas y ejerció el periodismo durante una década corta. Sus años de gloria (1985 y 1990) coinciden con el momento álgido del poder de François Mitterrand, de la que fue una defensora famosa por su sectarismo.

Comenzó como asistenta de redacción en la emisora Europe nº 1. Pero pronto ingresó en TF1 (TV privada), donde ascendió al ritmo de los cambios políticos de la época. Sus relaciones familiares y su fidelidad intachable a Mitterrand le ofrecieron plataformas profesionales de primera envergadura. Militante leal, también fue una entrevistadora de cierto nivel.

De las entrevistas pasó a la dirección general de la cadena de TV. Tras la desgracia política de Mitterrand, perdió los favores de los accionistas de TF1, que decidieron despedirla expeditivamente. Ganó a la empresa un proceso por despido improcedente.

Casada en primeras nupcias con un periodista político, Yvan Levaï, conoció a DSK (casado en segundas nupcias, padre de cuatro hijos) cuando ya era madre de dos niños. La ambición política los unió de manera muy sólida.

Cuando el semanario L'Express le preguntó a Anne Sinclair cómo «llevaba» la fama de seductor de su esposo ella respondió: «La seducción es muy importante para un político profesional».

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