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Un nuevo ataque contra una iglesia dispara la tensión religiosa en Egipto

Al menos doce muertos en El Cairo tras la quema de un templo copto por parte de los salafistas. «El ejército no puede protegernos», relata un vecino

Día 09/05/2011

La iglesia de Mar Mina es un edificio de cinco plantas que saluda, ahora ennegrecido, la entrada al barrio de Imbaba, en el noroeste de El Cairo. El mobiliario, incluyendo el altar, ha sido reducido a cenizas, pero eso no impide que se celebre una ceremonia religiosa en el segundo piso, en honor de los caídos la noche anterior. Horas antes, varios centenares de islamistas (hasta quinientos, según algunos testigos) asaltaron el lugar empuñando machetes y palos, cócteles molotov y algunas pistolas. Los enfrentamientos entre los salafistas, por un lado, y los vecinos del barrio y el Ejército, por el otro, se saldaron con una docena de muertos y casi dos centenares de heridos.

Todos los testimonios coinciden en que los atacantes eran «salafistas», islamistas radicales que quieren imponer su versión «purificada» del islam. Al parecer, estaban convencidos de que los cristianos retenían por la fuerza a una joven que se habría convertido a la religión musulmana para casarse.

El pequeño Abderrahman jugaba en la calle cuando empezó todo. «Grupos de barbudos llegaron en moto, rompieron la puerta de la iglesia y le prendieron fuego». El guardia de seguridad murió en el incendio. Según los testigos, otro de los parroquianos, aterrorizado por las llamas, se mató al arrojarse por una ventana. Pocas horas después, la iglesia de la Virgen María, en el mismo barrio, era también pasto de las llamas.

El hecho de que Abderrahman, musulmán, nos hable frente a Mar Mina, dentro del perímetro de seguridad establecido por el ejército, es un indicador de que los atacantes no han conseguido su propósito de provocar una ruptura religiosa. «Todos los vecinos ayudaron a apagar el fuego, tanto cristianos como musulmanes», indica Nabil, otro de los testigos presentes. Pero la ya muy dañada convivencia entre ambas confesiones pende de un hilo. Aquí, frente a Mar Mina, la tensión es enorme.

«¡Los que han hecho esto no son egipcios! ¡Son los locos esos que van a Afganistán!», le asegura un hombre al reportero de ABC. «¿Tú qué vas a decir? ¡Eres musulmán! ¿Acaso no son de tu misma religión los que nos han atacado?», le espeta otro. Al primero se le saltan las lágrimas. «¡Vosotros sois mis vecinos, mis hermanos!», les grita, antes de retirarse, para evitar problemas.

190 detenidos

Estos no tardan en llegar: alguien, un musulmán, hace un comentario ofensivo desde una furgoneta, y recibe como respuesta con una lluvia de piedras arrojadas por jóvenes coptos cuya ira es patente. Al otro lado de la barrera policial, otros reaccionan lanzando sus propios proyectiles. Por un momento parece que el enfrentamiento es inevitable, hasta que los soldados dispersan a los revoltosos disparando al aire y ampliando su perímetro.

Sin embargo, el rencor contra las fuerzas de seguridad está muy extendido entre la comunidad copta. Cuando varios camiones de la policía antidisturbios aparecen para desplegarse en el área, son recibidos con abucheos. «El ejército no puede protegernos, está con los musulmanes», asegura Emad Aguib, un ingeniero de treinta años.

Por ese motivo, ayer por la tarde se produjeron varias manifestaciones, entre ellas una que reunió a un centenar de personas frente a la embajada estadounidense, «para pedir a la comunidad internacional que intervenga para proteger a los coptos». Por su parte, el Gran Muftí Ali Gomaa, uno de los principales líderes espirituales del islam suní, pidió «que los egipcios se mantengan hombro con hombro para prevenir tensiones».

La quema de las iglesias de Imbaba culmina una larga lista de incidentes religiosos que en las últimas semanas parecen haberse multiplicado, y que algunos achacan a una estrategia deliberada de confrontación por parte de los salafistas. Otros acusan a elementos del régimen del derrocado presidente Hosni Mubarak de orquestar los ataques, para demostrar que el país necesita de un poder fuerte que evite que se suma en el caos.

La tensión, en todo caso, sigue creciendo: ayer provocó también una gran pelea entre cristianos y musulmanes en la calle Ramsés, en el centro de El Cairo, entre otros incidentes. La situación ha sido considerada lo suficientemente grave como para que el nuevo primer ministro, Essam Sharaf, cancelase un viaje oficial a Bahréin y convocase una reunión gubernamental de urgencia para discutir el asunto. El ejército ha anunciado que los 190 detenidos en los enfrentamientos de Imbaba serán sometidos a un juicio militar.

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