Arte

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Yayoi Kusama, alucinaciones desde el psiquiátrico

El Reina Sofía exhibe una amplia retrospectiva de esta singular artista japonesa, recluida voluntariamente en un sanatorio mental de Tokio desde 1977

Día 09/05/2011 - 20.08h
Hay artistas cuya historia personal es tan fascinante, o más si cabe, que su propio trabajo. Es el caso de la japonesa Yayoi Kusama (Matsumoto, 1929), a quien en el Museo Reina Sofía dedica una completísima retrospectiva, en colaboración con la Tate Modern, que después viajará al museo londinense, al Pompidou y al Whitney Museum de Nueva York. Cuatro de los grandes museos de arte contemporáneo del mundo se rinden a esta artista inclasificable, inconformista, excéntrica, experimental, sorprendente, original, singular, inimitable. Un «caso aparte» en la Historia del Arte.
JOAQUÍN CORTÉS/ROMÁN LORES 
Algunas de las obras de Kusama que pueden verse en la muestra del Reina Sofía
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Algunas de las obras de Kusama que pueden verse en la muestra del Reina Sofía
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Algunas de las obras de Kusama que pueden verse en la muestra del Reina Sofía
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Algunas de las obras de Kusama que pueden verse en la muestra del Reina Sofía
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Algunas de las obras de Kusama que pueden verse en la muestra del Reina Sofía
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Algunas de las obras de Kusama que pueden verse en la muestra del Reina Sofía
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Algunas de las obras de Kusama que pueden verse en la muestra del Reina Sofía
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Algunas de las obras de Kusama que pueden verse en la muestra del Reina Sofía
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Algunas de las obras de Kusama que pueden verse en la muestra del Reina Sofía
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A través de 150 piezas (hay dibujos, pinturas, collages, esculturas, instalaciones, performances, diseño...) podemos completar el complejo puzzle que supone la longeva carrera (seis décadas) de la artista viva más prestigiosa de Japón. Aún hoy sigue trabajando en su estudio cercano al psiquiátrico de Tokio donde está internada, por voluntad propia, desde 1977. Y es que la enfermedad ha estado muy presente en la vida y la obra de Kusama. Desde pequeña ha tenido problemas mentales, episodios alucinatorios que le han servido como fuente de inspiración en toda su producción.

El Reina Sofía ha ideado para la muestra, comisariada por Frances Morris, un espectacular montaje en la Sala A1 del museo. Ya desde la entrada, con grandes globos y alfombras de lunares rojos y blancos, nos damos cuenta de lo especial de esta mujer y de su trabajo. Puntos fluorescentes multicolores inundan buena parte de su producción. En su instalación «I'm Here, But Nothing» (2000), presente en la exposición, los lunares inundan toda la sala: muebles, suelo, paredes... Otro de los trabajos más espectaculares de la muestra es «Infinity Mirrored Room», creado especialmente para la ocasión. La sala, a oscuras, está recubierta con doble espejo, hay agua en el suelo y cuelgan de la pared pequeñas luces que cambian de color. En ambas instalaciones el visitante sufre las mismas experiencias alucinatorias que han acompañado a Yayoi Kusama toda su vida.

Pero en la muestra están presentes otras muchas de sus obsesiones. Desde sus célebres «Infinity Nets» (redes infinitas) —lienzos monocromos en gran formato— hasta sus «Accumulation Sculptures» (esculturas blandas formadas por objetos que semejan falos o amenazantes tentáculos). A Kusama siempre le ha traumatizado el sexo, sentía horror por la penetración.

En 1958, en plena posguerra mundial, abandona un Japón inmerso en un generalizado sentimiento de derrota y crisis de identidad, apunta Chris Dercon, nuevo director de la Tate Modern: «Más que abandonar Japón, lo que hizo fue abandonar lo que la familia representaba para ella». «Para un arte como el mío —recuerda Kusama en su autobiografía— Japón resultaba demasiado pequeño, demasiado servil, demasiado feudal y demasiado desdeñoso con las mujeres. Mi arte necesitaba una libertad más ilimitada y un mundo más amplio». Con estas ansias de libertad llega al Nueva York efervescente de finales de los cincuenta y sesenta. Mientras triunfaba en Manhattan el pop y Warhol reinaba en su «Factory» y en «Studio 54», una japonesa revoluciona la Gran Manzana con su excéntrico arte, con sus radicales performances y happenings (en «Walking Piece» pasea con kimono por Nueva York, mientras en otras acciones aparece desnuda por la ciudad mostrando su rechazo a la guerra de Vietnam), así como su frontal rechazo al expresionismo abstracto, que consideraba patriarcal, gestual y autoritario, como recuerda Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía. Logró captar la atención de la vanguardia neoyorquina y contó con el apoyo de artistas como Georgia O'Keeffe. Kusama mantuvo durante esos años una relación con el artista norteamericano Joseph Cornell.

Pero en 1973, esta artista vuelve a reinventarse y regresa a Japón. Desde el psiquiátrico en el que ingresa voluntariamente realiza un arte renovado. Desde entonces compagina su trabajo pictórico y escultórico con la escritura (poesía, novelas, su autobiografía...).

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NATIVIDAD PULIDO Es uno de los artistas más singulares del Renacimiento español. Se dedicó exclusivamente a la pintura religiosa, pero fue tremendamente original

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