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Pakistán revisa su alianza con EE.UU.

Pide una reducción drástica de militares estadounidenses en el país

Día 06/05/2011

«La segunda mezquita a la derecha, no tiene pérdida», los vecinos de Abbottabad asisten atónitos a la procesión diaria de miles de personas que se acercan hasta la pedanía de Bilal para ver la casa donde vivió Osama bin Laden los últimos cinco años. Cuatro días después de su muerte tras la operación de las fuerzas especiales americanas, el Ejército paquistaní, tremendamente cuestionado por la opinión pública del país, reaccionó con un comunicado del jefe del Estado Mayor, Ashfaq Kayani, en el que asumió «errores en la recogida de información» y advirtió que «otra acción de este tipo obligaría a revisar el marco actual de cooperación».

Una muestra del malestar en el seno de la principal institución del país, que mantiene abierta una investigación de los hechos y que pidió a EE.UU la reducción al «mínimo esencial» del número de efectivos militares en suelo paquistaní, unos 275, según reconoce el Pentágono en estos momentos.

Una legión de curiosos acompaña a la prensa que hace guardia a las puertas de un complejo cerrado a cal y canto. De fondo se escuchan los disparos de los campos de tiro que rodean una zona ocupada por cuarteles militares. Las montañas Kakul presiden el valle y en sus lomas se advierte la presencia de numerosos puestos de control.

«Me cuesta creer que Osama estuviera a menos de cinco minutos de mi casa, pero aún me cuesta más que ninguno de los puestos de control detectara la presencia de helicópteros», piensa el joven Mohsen Ali, indignado por la reputación de «pueblo terrorista» que se ha ganado Abbottabad. Los militares que salen de la academia local forman la primera línea del frente contra el enemigo talibán de la frontera afgana y miles han perdido la vida en los últimos años de guerra contra el terror. El aire es competencia de los americanos, que desde la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca han aumentado de forma espectacular las acciones con aviones no tripulados. Pese a la no coordinación para este ataque, el general Kayani recordó que «más de cien destacados miembros de AQ han sido arrestados o aniquilados gracias nuestra cooperación hasta el momento».

A cambio de una ayuda de más de 2.000 millones de dólares que recibirá el Ministerio de Defensa paquistaní durante los próximos cinco años en concepto de «lucha contra el terror», Washington tiene carta blanca en suelo paquistaní. Cada ataque de un avión no tripulado enciende a la mayoría y la operación contra Bin Laden ha terminado de exacerbar el sentimiento antiamericano en el seno de la sociedad marcada por la influencia de los grupos islamistas, que hoy han hecho una llamada a la protesta tras la oración.

Por otro lado, los camiones de la OTAN siguen ardiendo en su camino a Afganistán y el jueves otros dos resultaron calcinados antes de cruzar la frontera para abastecer a las tropas internacionales.

Hay que demoler la casa

«¿Por qué entramos a la Mezquita Roja en 2007 tras el asalto y aquí se nos cierra el paso?», se pregunta el conocido presentador de una canal nacional cansado de discutir con los militares. No solo no hay acceso, sino que además las autoridades barajan la opción de demoler el edificio para evitar que se convierta en lugar de peregrinación a donde la gente se acerca para hablar de una figura que todos creían muerta y la operación americana ha resucitado después de diez años de clandestinidad, Osama bin Laden.

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