Ciencia

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Un tercer par de alas en el cogote

Unos insectos desafían la evolución y añaden un «casco», unos nuevos apéndices alados, a su organismo, el primer ejemplo de algo semejante en 250 millones de años

Día 05/05/2011 - 10.48h

Es inusual. Extremadamente raro. La evolución funciona al revés y esto, según la regla general, no debería pasar. Cuando los animales de orden superior evolucionan, a menudo sacrifican alguno de sus apéndices: reducen el número de patas, pierden las alas... El diseño anatómico tiende al orden y la simplicidad. Sin embargo, un insecto volador arbóreo de la familia de los membranácidos, muy cercana a las cigarras, se ha puesto las normas de la Biología por montera. Del primer segmento de su tórax brota una especie de gran «casco», indicio de un tercer par de alas, aunque no son útiles para volar. Se trata el primer caso en más de 250 millones de años en que un insecto se transforma de forma semejante. La investigación, llevada a cabo por el Instituto de Biología del Desarrollo de Marsella-Luminy y el CNRS en Marsella (Francia), aparece publicada en la revista Nature, que le ha dedicado su portada.

Un tercer par de alas en el cogote
 
Portada de la revista Nature

Las alas de los insectos varían en gran medida en tamaño y forma -solo hay que comparar una mariposa o una libélula con un mosquito o una mariquita-. Sin embargo, se creía que solo crecían a partir de los segmentos segundo y tercero del tórax, nunca desde el primero. Los membranácidos, una familia de 3.000 especies con un aspecto muy ornamentado que se reparten por prácticamente todos los continentes -una de las más conocidas es el escarabajo torito-, se caracterizan por una rara estructura conocida como «casco», que crece en el primer segmento torácico a lo largo de la longitud del cuerpo del insecto y aparece en un rango de colores, formas y tamaños. Con ellos, el animal puede camuflarse con su entorno -asemejarse a semillas, espinos o incluso a excrementos de animales- o aparentar más agresividad, como si ostentaran cuernos en algunos casos. Los investigadores han descubierto que se trata de un par de alas fusionadas. Sin ellas, los membranácidos son muy similares a unas simples cigarras.

Un tercer par de alas en el cogote
N. Gompel  
En el Gigantorhabdus enderleini, el «casco» ocupa casi todo el cuerpo

Los científicos creen que esto se produjo a causa de la relajación de un gen Hox, que evita la formación de alas en todos los segmentos torácicos excepto en el segundo y el tercero. Los «planes corporales» que la naturaleza diseña para los animales de orden superior suponen la pérdida o reducción de los apéndices: por ejemplo, los vertebrados pierden las extremidades y los insectos las patas o las alas... La aparición de nuevos apéndices es muchísimo más rara, por lo que el «casco» de estos insectos supone el primer ejemplo conocido en más de 250 millones de años de evolución de los insectos. Una situación sin precedentes.

El hallazgo puede ampliar el conocimiento de los científicos sobre la evolución del plan corporal de los insectos.

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