Están por toda España, pero es poco lo que los españoles saben de ellos. Casi nadie sabe de dónde vinieron. Son los chinos residentes en España. Un colectivo numeroso y visible, que copa gran parte del pequeño comercio del país. Pero también, unos grandes desconocidos para los españoles.
Hay pocas muertes de chinos en España porque son una población joven
Llegaron con la República
La mayoría vienen de la provincia meridional de Zhejiang
España debe tener muchos atractivos para los chinos, porque a pesar de que, como casi todos los inmigrantes, lo que buscan cuando abandonan su país de origen son oportunidades económicas, la crisis que azota a España con mayor dureza que a otros países europeos, no ha impedido que la afluencia de chinos siga incrementándose. Con todo, según cuenta el profesor Beltrán, «el Estado español ya no es un destino preferente para ellos». La locomotora española ya no tira. Lejos queda la década de 1990, en la que, según recuerda este mismo profesor, España fue el segundo receptor de inmigrantes del mundo, solo superada por los Estados Unidos.
Los primeros inmigrantes chinos llegaron con la Segunda República
«Nunca se cogen una baja»
José María Jiménez, casado con una ciudadana china, regenta un restaurante chino en Madrid y conoce de primera mano el afán de los trabajadores de esta nacionalidad por evitar el trabajo por cuenta ajena. Ha visto cómo sus empleados chinos trabajaron unos meses para él y en cuanto pudieron montaron sus propios negocios. Para establecer sus pequeñas empresas, cuentan con el apoyo de sus convecinos en sus países de origen. «Le piden dinero a la gente de su pueblo y entre todos juntan una cantidad que, con el paso de los años, el interesado va devolviendo religiosamente», cuenta Jiménez.
Merced a mecanismos de solidaridad colectiva como este, han llegado a España miles de chinos procedentes de una misma zona del inmenso país asiático, convertidos aquí en pequeños emprendedores. Proceden en su inmensa mayoría de una provincia del sur llamada Zhejiang. De allí, en concreto de una población llamada Qintiang, llegó hace 20 años Xiaoua Zheng, una de las empleadas en el restaurante de Jiménez. Ella dice que no encuentra diferencias en su modo de trabajar del de los españoles, pero su empleador sí que las percibe. «Lo primero es que un chino nunca se coge una baja, eso no existe para ellos. Lo segundo es que cuando están recién llegados y no conocen el modo de expresarse de los españoles, se pueden ofender por cosas como que les hables un poco fuerte». Los que los han visto en el tajo dicen que para ellos el trabajo es su absoluta prioridad: «Aquí a alguien que trabajara como ellos se le consideraría un enfermo, en la mentalidad china lo que está mal visto es lo contrario».




