DANIEL UREÑA
La fortaleza de la democracia americana radica en que, por encima de diferencias partidistas, los estadounidenses comparten ciertos valores, ideas y creencias. No sólo la bandera o el himno son símbolos amados y respetados por la sociedad americana; también la conciencia de seguridad nacional, especialmente tras los salvajes atentados del 11-S, es uno de esos elementos arraigados en su identidad como país. El pueblo americano es consciente de que su libertad no es gratis, requiere sacrifico. Por ello, a lo largo de su historia, Estados Unidos ha sido capaz de demostrar, tanto dentro como fuera de sus fronteras, su capacidad de entrega, su generosidad y su firmeza en muchos momentos determinantes del último siglo.
Ese consenso generalizado en torno a la defensa de Estados Unidos también tiene su reflejo en sus presidentes. Tanto George W. Bush como Barack Obama, los dos mandatarios que han ocupado la Casa Blanca en estos últimos diez años, han compartido el objetivo, la estrategia y la determinación para acabar con Bin Laden. Porque cuando está en juego la seguridad del país no caben medias tintas.
Estados Unidos demuestra su madurez como sociedad y como democracia cuando sus máximos dirigentes tienen la altura histórica suficiente para mirar al futuro y ver con la necesaria perspectiva el pasado. La grandeza del país se fundamenta en que en los momentos decisivos de la Historia las etiquetas partidistas se difuminan y que tantos sus líderes como sus ciudadanos, por encima de republicanos o demócratas, son americanos
DANIEL UREÑA ES DIRECTOR DE MASS CONSULTING








