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«Las poblaciones del Amazonas siempre son las víctimas»

Jose Carlos Meirelles, indigenista brasileño, ha dedicado su vida a estudiar y proteger los pueblos indígenas aislados

Día 01/05/2011 - 06.34h
«Las poblaciones del Amazonas siempre son las víctimas»
gleison miranda 
Una tribu descubierta por Meirelles en el estado de Acre (Brasil), en 2008

Tres indígenas tintados de rojo y negro que apuntan al cielo y lanzan flechas hacia el helicóptero desde donde son fotografiados. Estas imágenes, tomadas hace más de dos años en la frontera de Brasil y Perú, dieron la vuelta al mundo despertando relatos de tribus aisladas y civilizaciones inexploradas en la mente del espectador. Fueron tomadas en una de las expediciones que el indigenista brasileño Jose Carlos Meirelles y la fundación brasileña para el estudio y protección de los indios (FUNAI) llevan haciendo desde hace décadas. Meirelles ha estado en la Casa de América (Madrid) para compartir sus experiencias con estas tribus, aisladas pero no inexploradas.

«Las poblaciones del Amazonas siempre son las víctimas»
J. G. 
Merirelles

—Dicen que cuando un indígena tiene contacto con la sociedad occidental, su mundo nunca vuelve a ser igual. ¿Le ocurrió a usted lo mismo?

—Ningún indígena vuelve a ser el mismo y esto me ha sucedido a mí también. Es una vía de doble sentido. Son dos culturas diferentes, lados positivos y negativos, pero al final, los indígenas siempre pierden en el intercambio.

—Brasil es una economía en crecimiento. ¿Es compatible con el respeto a los indígenas y a la naturaleza?

—A mí, que llevo 40 años en esto, no me parece difícil de solucionar. La Amazonia es muy grande, caben hidroeléctricas, agropecuarias, comunidades indígenas o indígenas aislados. Lo difícil es crear una convivencia entre estos actores. Observo que los proyectos en el Amazonas nunca benefician a las poblaciones, indígenas o no, que viven allí. Son las víctimas y esto debe cambiar.

—¿Qué ocurre cuando una población indígena tiene que irse de su tierra?

—Lo que ocurrió, por ejemplo, con los que colonizaron el estado de Acre, al noroeste de Brasil. Venían siendo expulsados de una tierra a otra desde el nordeste. Probablemente, el bisabuelo tenía un barco en Ceará, en la margen atlántica, y su bisnieto estará ahora vendiendo helados en el océano Pacífico.

—¿Cuál es la mayor diferencia entre un brasileño urbano y un indígena?

—Las poblaciones indígenas son sociedades igualitarias. En nuestra sociedad tenemos la selectividad, oposiciones… crecemos pensando en la competencia. El indígena no quiere ser mejor, él tiene que ser igual a su vecino, y esto es una diferencia, cultural e intelectual, contundente.

—¿Y cómo se integra una mente precolombina en el mundo de hoy día?

—Lo más difícil para los indígenas es entender, en primer lugar, el comercio y, luego, el valor. «¿Qué es esto, es un trozo de papel, qué representa?». Sociedades que no tienen una cultura de acúmulo de riquezas, donde el líder es el más pobre de la aldea porque su líder es el que da, no el que acumula. Es todo lo contrario.

—En la selva existen más de veinte familias de lenguas indígenas distintas, ¿cómo lograban entenderse con ellos?

—Ellos aprenden a hablar nuestro idioma mucho más rápido de lo que nosotros aprendemos el suyo. Como no tienen tradición escrita, están muy atentos al lenguaje oral. Muchas veces, nos hacían preguntas para las que no teníamos respuesta.

—¿Qué tipo de preguntas?

—Recuerdo una tribu en Maranhão, en 1973. Un indígena me contó que estaban andando un día y vieron huellas de zapato en la selva y se dijeron «es de un humano, pero no tiene dedos». Se pusieron a seguir las huellas para encontrar a esta gente tan rara, sin dedos. Al final llegaron a un campamento de cazadores. «Vamos a hablar con ellos». Cuando los vieron, comenzaron a disparar y mataron a su primo y a su hermano. Me preguntó: «¿Qué hicimos mal, por qué se enfadaron?».

—¿Cree imposible el entendimiento entre ellos y nosotros?

—El primer problema de los indios cuando entran en nuestro mundo son las enfermedades, pero también hay otra cosa. El indígena que sobrevive a las enfermedades todavía tiene que hacer un esfuerzo para no enloquecer. Son muchas informaciones, un mundo totalmente distinto al suyo. Si el indígena no es una persona mentalmente fuerte se acaba volviendo loco, acaba bebiendo o intenta suicidarse. Esto no es casualidad.

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