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Muere el escritor Ernesto Sábato

El argentino, último gran autor de la generación de Borges y Bioy Casares, estaba a punto de cumplir cien años

Día 03/05/2011 - 11.38h
AFP

Iba camino de los cien pero no llegó. Ernesto Sábato se quedó en los 99. En Argentina muchos pensaban que era inmortal. Uno tras otro su cumpleaños se celebraba como si fuera infinito. En su casona de Santos Lugares, en las afueras de Buenos Aires, desfilaban políticos, intelectuales y amigos para darle un abrazo que siempre parecía el último.

Pero el escritor, con aspecto de moribundo desde hace una década, aguantaba otros doce meses más y otros y así hasta este sábado que se despidió de verdad. Lo hizo de madrugada, en su cama. Se fue como era él, en serio, con la tristeza que llevaba impresa en su rostro antes de nacer pero con motivos sobrados para haber podido reír, al menos, un poco más.

Elvira González Fraga, -los ojos de Sábato para ver el mundo desde hace tiempo-, confirmó esta mañana temprano que la salud del autor de “El túnel” se complicó hace quince días por una bronquitis. Este domingo, en la Feria del Libro de Buenos Aires, estaba previsto rendirle un homenaje para celebrar los 100 años que cumpliría el próximo 24 de junio. No podrá ser.

El último gran escritor de la generación de Cortázar, Borges y Bioy Casares estaba retirado de la literatura y de los actos públicos. Una de las últimas ocasiones grandiosas a las que pudo acudir fue al Congreso de la Lengua de Rosario (2004), al que asistieron los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía y donde se le rindió un cálido homenaje. José Saramago lo calificó entonces de “autor trágico y al mismo tiempo eminentemente lúcido”. Sábato lloró. No pudo pronunciar palabra. Después, sus apariciones fueron breves y contadas con los dedos de una mano.

A pesar de su esfuerzo literario Sábato cruzó las barreras del mundo por su participación en el informe de la Conadep (Comisión para la Desaparición de Personas). De su puño y letra es el prólogo “Nunca Más”, donde se recogen más de quince mil casos de desaparecidos durante la dictadura militar (1976-83). En esas palabras algunos quisieron ver su profundo arrepentimiento y pesar por haber adulado públicamente al dictador Videla: “Un hombre culto, modesto e inteligente”, dijo después de almorzar con él. En realidad, nada muy diferente de lo que había dicho Borges y otros intelectuales argentinos al principio del régimen militar. Más tarde descubrirían el horror de los militares y el error de sus palabras.

Habitantes de las tinieblas

El último gran escritor del siglo XX argentino nació en Rojas, provincia de Buenos Aires. Llegó al mundo después de la muerte de su noveno hermano del que heredó el nombre. El pequeño Ernesto pareciera que desde la cuna mamara el dolor de su madre y lo dejara correr por sus venas hasta el fin de sus días. Pese a pertenecer a una familia numerosa (décimo hijo de once) nunca supo jugar ni disfrutar de su infancia. Era un niño solitario.

De joven se inclinó por la física. Terminó sus estudios y recibió una beca para estudiar en el laboratorio Curie de París. De la vieja Europa volvió a América, pero del norte. Se especializó en Masachussets en rayos cósmicos y regresó a Buenos Aires. Alguna estrella le iluminó su mente y decidió abandonar su prometedora carrera científica para entregarse a las letras y a la pintura. En ambos campos sus retratos, sus escenas, serían grises y llenas de claroscuros. “Entre héroes y tumbas”, es buena muestra de ello. Como lo fue “El túnel”, para él, más que un título un estado de ánimo.

Sábato asumió la imagen de alguien que de forma permanente se encuentra entre tinieblas. Oscuro, ausente de luz como la casa en la que vivió con la sufrida Matilde Kunsminsky y tras el fallecimiento de ésta, con Elvira González Fraga. Pirómano autodestructivo, la mayor parte de su primera obra fue pasto de las llamas y mucha de la publicada se salvó de milagro, gracias a los reflejos de su primera mujer.

A Matilde, idolatrada en vida, en verdad la trajo a mal traer por sus devaneos con otras. Adolfo Bioy Casares lo sabía muy bien y aprovechó la ocasión para desplegar sus dotes de seductor con ella. Él fue la causa de que la mujer –según confesión íntima- un buen día hiciera la maleta y, con ella en la mano, a mitad de la escalera de Santos Lugares, se arrepintiera de abandonarle conmovida por sus súplicas. Ernesto Sábato y Bioy jamás volvieron a hablarse. En realidad nunca habían sido amigos y tampoco de Borges. Ambos, como reconoció en vida Bioy a ABC, se burlaban de él a sus espaldas.

La historia de Sábato recordada por Sábato –en buena medida en “La Resistencia” (2000)- parecía un drama en blanco y negro pero el argumento real, visto desde fuera, y recopilando muchas escenas, estaba trufado de una amplia gama de colores. Aunque no lo pareciera, sabía divertirse. Tuvo siempre una obsesión: su tirria a los franceses pero eso, ya no importa.

Apadrinado por Victoria Ocampo, Ernesto Sábato se sumó a la lista de talentos descubiertos, protegidos y nutridos por la mujer que de haber nacido en Italia hubiera merecido apellidarse Medicci. Desde entonces ha corrido mucha agua bajo el puente de la literatura de Sábato.

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NATIVIDAD PULIDO Es uno de los artistas más singulares del Renacimiento español. Se dedicó exclusivamente a la pintura religiosa, pero fue tremendamente original

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