MIGUEL Barroso y su brillante equipo de cocineros mediáticos y propagandísticos han metido en adobo a Carme Chacón para que adquiera los jugos y los aromas imprescindibles en quien aspira a presidenta del Gobierno de España y por ello, salvo el error demoledor de una bicefalia en el PSOE, a secretaria general del partido. Barroso y su gente lo hacen bien, incluso cuando los tiempos y las circunstancias no favorecen el guiso de alimentos tan poco sustanciosos, han hecho de la que fue concejala de Esplugas de Llobregat una figura nacional. Como vicepresidenta de las Cortes fueron pocos, solo los interesados, quienes advirtieron ese rango de condición y relevancia. Después, al frente del Ministerio de la Vivienda, como sucesora de María Antonia Trujillo y predecesora de Beatriz Corredor, tampoco lució su brío, ni brilló su iniciativa, ni apunto su imaginación; pero tuvo la suerte de permanecer solo un año en el cargo al que debemos buena parte de la crisis en curso, a la que muchos llaman «del ladrillo».
Ahora, Chacón, al frente de Defensa, tiene las mismas posibilidades de cuajar como una política hábil y experimentada, diestra frente al conflicto y ágil junto a sus equivalentes internacionales, que de achicharrarse en el buenismo y los complejos que son inseparables, por «chic» que les resulte su figura a los colegas de Le Figaro Magazine, de José Luis Rodríguez Zapatero. Como nos previno Agustín Lara, las rondas, lo mismo las galantes que las belicosas, «no son buenas, hacen daño, dan pena y se acaba por llorar». Frente a Libia el mando y la resolución lo ostentan Barak Obama, Nicolas Sarkozy y Michel Cameron, tres protagonistas excesivos para una damita tan enclenque que, además, parece despreciar en sus poco exteriorizados adentros, la opción política que, con ostentación, lucen los tres.
Chacón, de orden del señor presidente, nos ha llevado a una guerra en la que nosotros no disparamos. Aún así, acaba de recibir autorización para prolongar dos meses nuestra presencia y gastar unos cuantos millones más; pero, por supuesto, sin tocar el armamento. Quienes estiman el conflicto como cuestión humanitaria olvidan que nuestras Fuerzas Armadas, mal equipadas y escasas de efectivos, están en él y la suerte es cambiante. De ahí que no resulte raro que, tras el 22-M, con cualquier pretexto, Chacón haga mutis en el escenario que ahora ocupa y que, de hecho, ya le ha dado todo cuanto podía proporcionarle para el crecimiento de su currículo internacional y su imagen nacional. Durante más tiempo resultaría imposible mantener la superchería de nuestra presencia en Libia.


