Es lo que tiene Craven, que es un cachondo tras el ojo del huracán. Le da igual tres que treinta y tres, así que lo mismo se copia a sí mismo que se reinventa de continuo, como hace en esta cuarta entrega de la saga, que bebe en los orígenes tanto que cuenta con los mismos actores que en el filme original (David Arquette. una Courtney Cox también reinventada a puro bisturí y la sosa Neve Campbell, con menos sal que nunca).
El protagonista es el cuchillo, cuanto más afilado mejor, y cuando más ketchup produzca más fervor creará en los seguidores de Craven. Lo que hay que recomendar es, sobre todo, que no lleguen tarde a la película porque el comienzo es el principio y el final de lo que hay que ver: una ingeniosa trama de escenas, a cual más cómica, en la que Craven hace un juego de matriuskas apoyado en una serie de pibones a cual más espectacular. Está claro: lo que hay que ser de mayor es jefe de casting en las películas de Craven.


