Tan intenso, dramático, desajustado, equívoco y angustioso es el personaje que interpreta aquí Natalie Portman que podría pensarse que se lo tomó como un ensayo de plumaje, blanco y negro, para ese cisne bipolar que le daría el Oscar este año. «El amor y..., tal y tal» es una película anterior al «Cisne negro» de Aranofski, y en ella esta gran actriz con una hermosísima cara de estar tramando algo no necesariamente bueno arranca su historia en un insoportable clima trágico, el de una madre que ha perdido a su hija recién nacida...
El director, Don Roos, enfoca la historia en tono muy «meló», con un notable subrayado de pérdidas (hija, pareja, paciencia, razón...) y con un análisis algo plano de las situaciones, más o menos previstas, de la historia, especialmente las del paciente marido con su ex mujer y la de ella, Portman, el cisne gris, con el particular hijo de su marido. Es, pues, un cuarteto de cuerda atándose y desatándose unos a otros.
Sobre los aspectos morales que toca la película (del pecado a la penitencia, de la culpa al reproche y de la infidelidad al perdón), la impresión que le dejan al conjunto es de algo parecido a la antipatía, ganando el premio el personaje de la ex mujer, que interpreta Lisa Kudrow con el gesto retorcido del que se ha pegado un lingotazo de vinagre, o incluso el pesadísimo niño (Chalie Tahan), que también parecía ensayar por si lo contrataba Aronofski para su película. Al final, el masaje moral de la historia es profundamente familiar, y lo más sensato es relajarse mientras le dan a uno esas friegas.


