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En busca del asesino de Long Island

La Policía busca a este «destripador» neoyorquino. «No es un ex policía ni es un genio, es una persona por debajo de la media», advierte un experto

Día 17/04/2011 - 18.06h
En busca del asesino de Long Island
abc 
Nueva York vive en un estado de fascinado terror ante la emergencia de un nuevo asesino en serie que llevaría años arrojando los restos desmembrados de sus víctimas a la espesa maleza que rodea las playas de Long Island. No es la primera vez que estas playas devienen un cementerio informal de la mafia o de asesinos particulares que, como en este caso, se dedican al exterminio de prostitutas. Pero la imaginación mediática y popular ya ha creado un mito siniestro, un cruce entre el Norman Bates de «Psicosis» y el Hannibal Lecter de «El silencio de los corderos», que podría ser incluso un expolicía dada su habilidad para eludirla. En cambio la ciencia especializada advierte de que hay que estar preparado para que el asesino, cuando se le encuentre, sea una persona vulgarísima y con una inteligencia incluso por debajo de la media.

«A la gente le gusta pensar que los asesinos en serie son unos genios, mentes malignas pero superiores que hablan seis idiomas, entienden de literatura clásica y de vinos, etc. Pero en general suelen ser personas no ya intelectualmente normales sino por debajo de lo normal. Muy poco listos, muy decepcionantes. Que sepan que la policía no puede localizar una llamada de duración inferior a tres minutos no prueba nada excepto que ven la tele. Cualquier serie de detectives te enseña eso», afirma convencido Louis B. Schlesinger, profesor de psicología forense en el John Jay College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY). Schlesinger es autor de una masiva investigación sobre el comportamiento en la escena del crimen de 37 asesinos sexuales en serie con un total de 162 víctimas, por encargo del FBI. Está acostumbrado a colaborar con la Unidad de Ciencias de la Conducta del FBI y no tiene ninguna duda de que acabarán atrapando al asesino. «Mi confianza es total», asegura en declaraciones para ABC.

Es hermosa esta confianza del especialista, pero los profanos necesitamos algún refuerzo extra. Por ejemplo, si este tipo de criminales son en el fondo tan lerdos, ¿por qué cuesta tanto atraparles? Si las informaciones no fallan, el nuevo asesino en serie de Long Island lleva arrojando cuerpos al mar desde el año 2007. Estamos en 2011. Respuesta del profesor Schlesinger: «La mayoría de los crímenes se ajustan a una pauta lógica o por lo menos previsible de relación entre asesino y víctima: si muere una mujer, el primer sospechoso es su marido, o sus amigos, o su hermano, etc. Pero con los asesinos en serie no hay ninguna relación, ningún hilo del que tirar, porque matan aleatoriamente». Aleatoriamente sí, pero no tanto: por algo a este le llaman el destripador de Long Island, o el asesino de la Craigslist, que es el portal multianuncios de Internet a través del cual ofrecían sus servicios como prostitutas las cuatro víctimas identificadas hasta ahora. Entre los restos humanos encontrados por los submarinistas de la policía y por las unidades de élite del FBI figura el cuerpo de un niño de dieciocho meses, pero eso podría ser una complicación imprevista para el asesino, que por lo general parece ajustarse a una pauta muy determinada.

En sacos de lona

¿Cómo funciona la cabeza de alguien que se dedica a matar prostitutas y a hacer desaparecer sus cuerpos despedazados metidos en sacos de lona (no en todos los casos)? ¿Es alguien que odia a las mujeres que venden sus favores y quiere castigarlas por ello? Muchas veces se ha querido ver un impulso moralista extremo en este tipo de crímenes, pero una vez más la ciencia nos informa de que la vox populi está equivocada. «Un asesino sexual en serie mata porque le excita sexualmente matar, porque matando obtiene placer», nos alecciona el profesor Schlesinger. «Si elige prostitutas no es porque las odie especialmente, sino porque son más fáciles de captar como víctimas, de atraer a un sitio donde el criminal se sienta seguro». Si se piensa tiene lógica: ¿cuánto tiempo y esfuerzo necesitaría alguien para hacerse acompañar a lugares retirados por una mujer que no le conoce de nada, si no hubiera dinero de por medio? Sólo hay que echar un vistazo a la lista de los mayores asesinos en serie de la historia para darse cuenta de que en general seleccionan a sus víctimas porque son más débiles o más fáciles de matar que otras. Puro sentido práctico.

Muchos años después de publicarse las obras del marqués de Sade, las gentes de bien nos seguimos preguntando: ¿y cómo es posible que alguien obtenga placer al matar, y que este placer sea además tan intenso como para equipararse o dar lugar a la excitación sexual? Schlesinger nos recuerda cuán oscuras pueden llegar a ser las pulsiones eróticas del ser humano, que incluyen excitarse con un objeto o abusando de un niño. Científicamente hablando, matar es una aberración sexual más, una conducta desviada que encuentra el placer ejerciendo un absoluto y despiadado dominio sobre otra persona.

En sus informes para el FBI, Schlesinger ha analizado ejemplos espeluznantes; hay criminales que casi estrangulan a su víctima, en el último minuto aflojan la presión y, cuando esa persona ya se ha hecho ilusiones de que le van a perdonar la vida, rematan la asfixia. Que por cierto parece ser el método usado por el homicida de Long Island. En los años 20 también se dio el tremendo caso de Albert Fish, que secuestró, mató y se comió a una niña de 9 años. Consiguió salir impune del crimen durante mucho tiempo, y no le habrían atrapado de no haber decidido mandar una carta a la madre de la niña, describiendo el asesinato con pelos y señales. Este acto de crueldad inconcebible le perdió, pues fue lo que puso a la policía tras sus pasos.

Llamadas a la hermana de la víctima

Esta pauta coincidiría con las llamadas que una hermana de las víctimas de Long Island recibió durante semanas por parte del asesino. «Hablamos de gente extremadamente sádica», remacha Schlesinger, convencido de que haciendo estas llamadas espantosas el criminal volvía a excitarse sexualmente. Era un placer colateral al del mismo crimen. Una secuela.

¿Cómo se da caza a una bestia así? La policía y el FBI han recibido cientos de llamadas con otras tantas pistas. La mayoría conducen al vacío. Schlesinger reafirma su confianza en el Buró de Investigación y en sus métodos, que conoce a la perfección: «Ellos saben lo que están buscando, saben cuál es la mejor manera, por no decir la única, de atrapar a un asesino en serie». ¿La delación por parte de un familiar o conocido, como pasó con el célebre terrorista Ted Kaczynski, más conocido como Unabomber? «No, porque los asesinos sexuales suelen actuar en solitario, sin que nadie sospeche su actividad, ni siquiera su familia o su pareja si la tienen», concluye el experto. Entonces el gran as en la manga de la ley es que aparezca una víctima superviviente. Alguien que consiguió escapar y es capaz de identificar a su casi asesino.

«Es muy común que se escape alguna víctima sobre todo al principio, cuando el asesino todavía no ha perfeccionado su técnica», aventura el experto en psicología forense. Pero de ser así esa víctima llevaría por lo menos cuatro años callada. Lo cual no es motivo para desanimarse; es hasta cierto punto «normal» que una prostituta tenga recelos ante la idea de acudir a los agentes de la ley. Un somero repaso a la breve biografía de las chicas muertas identificadas no puede ser más desolador en este sentido: además de vender sus servicios sexuales, por lo menos la mitad de ellas se habían visto ante un juez o estaban ligadas sentimentalmente a delincuentes. Un panorama patético.

¿Sigue viva Shannan Gilbert?

Y sin embargo hay un nombre que podría ser clave: el de Shannan Gilbert, una prostituta desaparecida el pasado día 1 de mayo. Su madre asegura que al día siguiente recibió la llamada de un médico vecino de la zona donde han aparecido los cadáveres, Peter Hackett (antiguo cirujano policial), afirmando que Shannan se encontraba en una casa de acogida para expresidiarios, toxicómanos e indigentes regida por él mismo. Hackett niega haber realizado jamás una llamada así o ni siquiera conocer a la chica. La policía ha hablado dos veces con él pero no le ha detenido ni presentado cargos. ¿Pudo ser otra persona quien llamara haciéndose pasar por él? Por lo demás otro vecino de la zona, un jubilado de 76 años llamado Gus Coletti, cuenta que ese mismo día a las cinco de la mañana una joven prostituta llamó a su puerta y le pidió dramáticamente ayuda. Él llamó a la policía pero entretanto la mujer huyó.

¿Sigue viva Shannan Gilbert? Por ahora nadie ha puesto su nombre a ninguno de los restos humanos aparecidos en las playas. La familia insiste en que su cadáver no tiene pérdida porque, a raíz de una operación, Shannan Gilbert lleva una pieza metálica en la mandíbula. Si no aparece nada parecido, quizás es cuestión de muy poco tiempo que también al sádico carnicero de Long Island le llegue su San Martín.

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