Ciencia

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Los dinosaurios más grandes del mundo llegan a Nueva York

Una espectacular exposición muestra en el Museo de Historia Natural gigantescos saurópodos que ni siquiera caben en la sala

Día 23/04/2011 - 17.38h

Los gigantescos saurópodos, unos dinosaurios que podían llegar a medir más de cincuenta metros y dominaron el planeta durante 140 millones de años, regresan ahora a Nueva York para protagonizar una ambiciosa exposición organizada por el Museo de Historia Natural.

"Esta exposición nos lleva a otro nivel: Aquí tratamos a los dinosaurios como a criaturas vivas y desvelamos cómo comían, cómo respiraban y cómo se movían", explica el vicepresidente del museo, Michael Novacek, antes de que la muestra abra mañana sus puertas.

La gran estrella es la reproducción en tamaño real de un mamenchisaurio hembra, que, aunque no es el saurópodo más grande -ése es el Argentinosaurio, descubierto en Argentina-, destaca por su cuello de nueve metros, la mitad de lo que mide la criatura.

Para que se pueda conocer mejor a este gigantesco ser, que ni siquiera cabe erguido en la sala de exposiciones y tiene que recibir al visitante con la cabeza y parte del cuello pegados al techo, uno de sus laterales reproduce la textura que tenía su piel, mientras que el otro está diseccionado para mostrar sus huesos y músculos.

Además, la maqueta pone al descubierto el sistema digestivo de este herbívoro, que, como los demás saurópodos, caminaba a cuatro patas y se calcula que tardaba en hacer la digestión hasta dos semanas, ya que tragaba la comida -media tonelada de plantas al día- sin masticar.

La exposición "Los dinosaurios más grandes del mundo", que se podrá visitar hasta principios de 2012, presenta los descubrimientos más novedosos sobre cómo vivían y cómo funcionaban sus enormes cuerpos, a través de fósiles, reconstrucciones, proyecciones y toda clase de elementos interactivos.

Huevos como un balón de fútbol

"También hemos descubierto que ponían muchos huevos, del tamaño de un balón de fútbol, y que las crías nacían muy pequeñas, aunque crecían muy rápido", explicó a Efe Novacek, también responsable de paleontología del museo, quien detalló que estos animales llegaban al mundo con unos cinco kilos de peso y a los treinta años superaban las 50 toneladas.

De hecho, son los animales que más rápido ganaban peso de todos los que han existido, aunque "las ballenas, que disponen del agua para sostenerse, han superado en tamaño a los saurópodos", según Novacek que explicó que los animales grandes tienen sus ventajas: Hay menos depredadores que los amenacen, son más fuertes y viven más.

Sin embargo, en la naturaleza hay más animales pequeños que grandes, porque los primeros necesitan mucha más energía y oxígeno para moverse y desempeñar sus funciones vitales.

Por eso los saurópodos no sólo fascinan a los niños, sino también a muchos investigadores, que se preguntan cómo sobrevivieron más de un centenar de millones de años. Entre esos científicos se encuentra un grupo liderado por el profesor de la Universidad de Bonn (Alemania) Martin Sander, quien admitió en la presentación de la muestra que muchos estudiosos "aceptaron participar en el proyecto precisamente porque estaban fascinados por los dinosaurios".

Tanto el equipo de Sander, formado por especialistas en biomecánica, medicina o nutrición animal, como los investigadores del museo neoyorquino estudiaron a los saurópodos como si estuvieran vivos, y para ello los compararon con algunos de sus parientes actuales más cercanos, como las aves o los cocodrilos.

Así fue como descubrieron que los pulmones de los saurópodos eran tan eficientes como los de las aves, y que con cada inhalación podían extraer más oxígeno que un mamífero, para de esa forma invertir un menor esfuerzo en el proceso.

Corazón de saurópodo

En la exposición se puede contemplar una gigantesca réplica de unos pulmones de un saurópodo, unos órganos que eran ligeros y a la vez capaces de extraer la cantidad de oxígeno necesaria para abastecer sus grandes cuerpos.

Además, se muestra la reproducción -también a tamaño real que es el de una gran pelota del playa- de un corazón de saurópodo, que bombeaba con mucha presión la sangre para lograr que ésta fuera capaz de recorrer todo el cuello del animal y llegar a su pequeño cerebro.

Los visitantes pueden comprobar de primera mano la fuerza que había que hacer para lograr un bombeo correcto e incluso se pueden meter en la piel de un paleontólogo y desenterrar huesos de saurópodos.

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